jueves, 1 de octubre de 2015

Un caminar torcido

JM. Rodríguez


Cuando niños nos metieron el razonamiento en casilleros, como aquellos que tenían los hoteles para las llaves. Ya adultos vemos de lo más normal utilizarlos para evaluar el estado de la sociedad. La línea que separa la razón de las percepciones recibidas en ese indolente transitar, es muy delgada y fácil de perder. Nos desangramos frente a los opuestos y rechazamos a los nuestros cuando hablan de cosas incómodas. Los calificamos de unilaterales, pesimistas, soberbios o simples fatigados.


Como cualquier creyente me santiguaré con aquella cita de Engels donde describía un futuro sin diferencias de clases, para lo cual era necesario un breve período de transición, acompañado de ciertas privaciones… muy provechosas moralmente… Y diría que ese sueño es suficiente para soportar penurias. Pero, ya va. Una cosa es lo que hay que pagar por la liquidación del modo de producción capitalista y otra muy diferente es que, la especulación de los empresarios y del lumpen contra-revolucionario que los remeda, actúen fuera de control.

Para ponerlo sencillo, en términos de “culpa e´Chávez”, veamos lo nos pasa al ir al mercado. No voy a los Bicentenarios, asumo disciplinadamente que son para las clases que requieren subsidio directo. Y lo hago a pesar que sé que sus enormes colas están infectadas por ese lumpen “emprendedor” sin ubeché que valga. Yo, que en tanto que clase soy un pequeño burgués, adquiero la comida de la semana en el “automercado”. Con lo que me costó el último, mi recién aprobado sueldo mensual apenas cubrirá un tercio de él. Salí lanzando maldiciones.

Y se las lancé al gobierno, pero, no porque considere deficiente el aumento salarial que nos dieron a los profesores universitarios, más no se puede pedir en medio de la crisis petrolera; lo hice por aceptar que, en plena revolución socialista, sean los empresarios y ese lumpen bachaquero vestido de pueblo, los que marcan el ritmo de la economía. No son francotiradores o asaltantes en caminos solitarios, actúan frente a nuestras narices. No me digan que son vainas de la democracia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde el 8 de Junio del 2011

Archivo del blog