domingo, 26 de abril de 2015

El olvido de un hombre moral o Todo sobre mi padre


José Delarra en su estudio. Foto: Archivo de la familia
José Delarra en su estudio. Foto: Archivo de la familia
La muerte es un fenómeno extraño. Nunca termina de acotejarse en la conciencia humana. Su energía gruñe para siempre en la mente de los vivos. Y la convertimos en otras formas de existir. En un remedio para sustentar la sobrevivencia de los muertos. De otorgarle voz a su silencio. De darle luz a su huella.
Esta certeza me acompaña hace más de una década. La asumí poco después de la muerte de mi padre. Cuando empecé a conversar con él. A reclamarle. A colocar su fotografía en el cuadro más distinguido. Y a ubicar su imagen por encima de la de todos nosotros.
Nunca lo había escrito. Solo asumí esta nueva forma de vivirlo. Hasta que hace poco, un viejo amigo, renacido del tiempo, me motivó a contarle. Y así me reconocí en el ceño fruncido de las expresiones de mi padre, en algunas de sus formas de tomar decisiones, en mi inclinación a la racionalidad. Aunque no, en su intento desmesurado por controlar las emociones que, como artista, le brotaban por los poros.

Nuestra empatía —relaté a mi amigo—, al margen de las diferencias, está clavada en mi consciente. Creo que soy una parte de él. Lo supe de verdad el día en que, de manera inesperada, su vida estuvo en peligro inminente. Un miedo indescriptible me caló hasta las raíces.
Poco tiempo después, se marchó. Y junto con su partida, un legajo de tareas se asentaron en la conciencia de mis dos hermanos (Isis y Leo) y yo. En realidad siempre nos impuso desafíos. Y no podía morir sin encomendarse a los perseverantes de su obra. Pero difícil ha sido cumplir con una buena parte de este quehacer de reemplazo. Porque el camino empedrado de las relaciones humanas se revela hostil ante el recuerdo de un hombre de verdades crudas. Y la omisión, inconsciente o intencionada, presenta sus credenciales en el camino del olvido.
Hablo de José Delarra. El escultor del Che Guevara erigido en la ciudad Santa Clara. Y de todo el complejo que lo integra. Del creador de 125 obras monumentales y de mediano formato emplazadas en Cuba, México, España, Japón, Angola y Uruguay. Entre las que se cuentan los monumentos de la Plaza de la Patria, en Bayamo y en Holguín, y los erigidos en homenaje a Martí y a la revolución mexicana en la ciudad de Cancún. Del incansable artista que dejó más de 1500 obras de escultura, pintura, dibujo y grabado en museos y colecciones particulares de más de 25 países. Del artífice de cerca de 300 exposiciones, entre colectivas y personales.
Pero, “nada es más fácil que censurar a los muertos”, dijo Julio César, el emperador romano. Y no pienso yo, que siempre sea ese el verdadero propósito cuando se habla de una obra y no se cita a su autor, cuando se “restaura” un monumento y solo se menciona al que la “remedia”, cuando se destaca el trabajo arquitectónico y se demerita el del escultor. Todo esto ha pasado con la obra de José Delarra, quien muchas veces tampoco figura en las efemérides televisivas y de otros medios de comunicación social.
Somos depositarios sus hijos de una parte del legado del artista. Aunque en una distribución legal de marras, nos fue negado el álbum primigenio que abriga la trayectoria de su labor, y segmentos de nuestra propia existencia. También, del que guarda las instantáneas del proceso creativo y de construcción del Che de Santa Clara. Un libro que recoge, a modo de crónicas, episodios de su vida tampoco ha podido ser publicado.
No obstante, los encomendados hemos de ser perseverantes. Y no viene a capítulo escribir hoy, el día del 77 aniversario de su nacimiento, una crónica dulce. ¿Evocarlo? Eso sí. Desde el hijo atento al vivir de sus padres. Desde el ser humano que, junto a mi madre, fundó una familia hermosa de la que se han derivado hijos y nietos artistas. Desde sus valores de hombre moral que se entregó al trabajo sin pedir nada a cambio.
José Delarra en su estudio. Foto: Archivo de la familia
José Delarra en su estudio. Foto: Archivo de la familia

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