domingo, 18 de enero de 2015

¿Está la revolución sentada sobre un nido de alacranes?

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No, no se trata solamente de Maduro. Todos de alguna manera hemos sentido la ponzoña. Cuando escribí una crónica similar, en el año 2010, lo hice sobre la base de las palabras de aquel general andino de ojos azules y hablar melodioso, con esa pausa rítmica de la gente merideña, Alberto Müller Rojas. Describí lo que ha podido ser una reunión de gigantes entre el Comandante Chávez y Müller Rojas, en torno a sus palabras, consideradas aireadas y desconsideradas por el primero; orientadoras y alertantes por el general. Esa reunión nunca se realizó. La partida de Müller acaeció primero que la del Comandante Eterno, y no tengo dudas que en el más allá el insistente general le diría algo parecido: No te lo dije, estabas sentado sobre un nido de alacranes.

¿Qué significaba estar sentado sobre un nido de alacranes para Müller Rojas? ¿Que significó para Chávez? Realmente significó lo mismo. El Comandante eterno siempre reconoció que la gestión política de la transformación estructural del país tenía muchas fallas, que algunos problemas se habían agravado como consecuencia del bombardeo de anti valores, y que palabras como la revisión, la rectificación, la crítica constructiva, repensar y actuar en consecuencia, siempre estuvo en sus discursos; pero, su credibilidad en la lealtad de la gente que le acompañó en la gestión, solo daba para rotaciones, enroques circunstanciales, antes que sustituciones radicales necesarias para cambiar el perfil de trabajo y mejorar la percepción de mejora en el gobierno. Asumí en aquella crónica, en la inventiva permisible, que si Chávez le hubiera preguntado a Müller sobre a cual de los dos temas prestarle más atención, le hubiera replicado a ambos, con la misma prioridad.
En realidad nuca hubo tiempo para que este encuentro de sabidurías logradas en la lectura y en la praxis de lo cotidiano se diera, pero lo que si estaba claro era que el Pueblo tenía la misma percepción que el general Müller Rojas. La burocracia que había cercado al presidente Chávez, le había cercenado la posibilidad que el mismo Pueblo le informara sobre lo que sentía y padecía; tanto fue que la creación (real o ficticia) sobre la amenaza de muerte, hizo que cada vez el Pueblo estuviera más alejado del presidente hasta que la relación fue meramente virtual, en ese momento, la burocracia parasitaria enfermiza de dolo, llegó a inaugurar obras de utilería, parapetos que jamás funcionaron ni funcionarán.
Recordemos que Chávez pudo rabiar con aquello de estar sentado sobre un nido de alacranes, pero siempre mantuvo el espíritu abierto para llamar a la formación de conciencia política, reiteró la necesidad de una nueva ética socialista, y miles de veces arengó sobre la calidad revolucionaria. En esta revolución, los errores endilgados a Chávez y a Maduro son en realidad de todos los que militamos en esta causa; y el peor enemigo que tenemos dentro por dentro es el silencio y la omisión. Es posible que algunos lleguemos a pensar que un revolucionario no debe alertar sobre nuestros propios errores, asunto incongruente con la calidad revolucionaria.
Hoy, es posible identificar un conjunto de temas estructurales que en el plano de la gestión política adquiere la ponzoña amenazante de las advertencias de Müller Rojas: El modelo rentista-consumista que distrae la gran cantidad de divisas que son para fortalecer el desarrollo integral del país; la planificación como herramienta revolucionaria de la transformación se sustituye con facilidad con los artificios coyunturales de los operativos; la gestión política presenta un desbalance entre los actores cívico-militares, a favor de estos últimos de tendencia muy efectista; la soberanía agroalimentaria mutó hacia una extraña expresión de soberanía importadora; persisten problemas en el modelo educativo que es incluyente para formar burócratas y excluyente para formar talentos que le den sustento al modelo económico productivo socialista; la inseguridad y la violencia se presenta como una inexplicable lucha de pueblo contra pueblo; se mantiene una promoción del consumismo como redención social de los excluidos, las brechas territoriales en relación al centralismo caraqueño persisten, y otros temas que han venido abordándose con nuevas estrategias, con muchos adornos teóricos, pero sin indicadores para medir los resultados. Esto no significa que el modelo socialista está en crisis, sino que se construye en una dinámica que sin duda puede ser mejor.
Las cinco revoluciones que el presidente Maduro ha presentado como método de gobierno hay que revisarles el tuétano, para que no sea más de lo mismo. La presunción de una gestión sin indicadores de gestión y de impactos puede conducirnos a perder la guerras multifocales que se adelantan en país desde las trincheras de la oposición en lo económico, lo religiosos, lo mediático y pare de contar.
Los alacranes siguen estando por allí, con su ponzoña amenazante. Esta crisis transitoria permitirá conseguir sus escondrijos y mañas, pero lo mejor será la defenestración.
Referencia: Mora, A. Miguel. 2010. Sentado sobre un nido de alacranes. Entre crónicas e historias fabuladas. Ediciones del Solar.

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