martes, 17 de junio de 2014

Sin aprender el discurso de Chávez

JM. Rodríguez


El viernes pasado, sentado entre la porfía que se daba en la sala Rómulo Gallegos del CELARG, recordé a José Manuel Briceño Guerrero. Aprecio mucho su escritura, tan contundente como ensoñadora, tan diáfana como profunda. Anhelaba tenerlo allí como desenredador de nuestros lenguajes imposibles.

Recordé El laberinto de los tres minotauros. Sentía como en los aires de esa sala, chocaban, como pequeñas nubes tormentosas, los tres discursos de fondo del pensamiento americano. De esos breves encontronazos brotaban destellos eléctricos, que a pesar de sus precaridades, tuvieron la capacidad de frustrar cualquier posibilidad, como dirían Briceño Guerrero, de dirigirnos hacia formas coherentes y exitosas de organización.


El sabio, de Palmarito como El Carrao, describe esos tres discursos de la siguiente forma (y cometo el atrevimiento de sintetizarlos): el que llama, segundo europeo que promovió los positivismos, las tecnocracias y los socialismos por estas tierras, sirviendo tanto a las intervenciones extranjeras como a las reivindicaciones nacionales. El discurso mantuano asociado a la nobleza heredada o asumida y al privilegio. Y por último, el discurso salvaje que con la nostalgia de mundos originarios y el resentimiento histórico, excusa, más que la rebeldía, la viveza permanente.

Leamos las propias palabras de Briceño Guerrero: Esos tres discursos se interpenetran, se parasitan, se obstaculizan mutuamente en un combate trágico donde no existe la victoria… pues, cada uno es suficientemente fuerte para frustrar a los otros dos y los tres son mutuamente inconciliables e irreconciliables…

En las ponencias presentadas para el simposio “Pensar la ciudad”, y en su discusión, afloraron esos tres discursos. Pero fue en la última jornada, dedicada a “La Nueva ciudad y el poder popular”, donde el discurso salvaje se aposentó. Exaltar al poder popular más como expresión desatada de la arrechera acumulada, que como forma organizativa que deberá construir un nuevo poder territorial, fue la manera que encontró de corroer la oportunidad.

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