“Soy de natural tranquilo, y se lo debo a mi padre. Puedo entrar en el Maracaná cuando la tensión es máxima y marcar diferencias. Estoy seguro de que voy a seguir creciendo y progresando gracias a esta calma, y conseguir otros goles igual de importantes”. Unos minutos después de convertirse en el anotador más joven de Bélgica en un Mundial, contra Rusia (1-0), Divock Origi hablaba del gol de su vida con una serenidad desconcertante. Casi insolente para Aleksei Kozlov y sus jóvenes compañeros, que jugaban un partido crucial para ellos. Las víctimas tenían la mirada perdida, y se marcharon pegados a las paredes para evitar las cámaras y los bolígrafos de la prensa.