martes, 4 de junio de 2013

La resignación de la cloaca borbónica hispanistaní y la lección del valiente pueblo de Turquía

Quienes deseamos un cambio de verdad, quienes sinceramente queremos transformar las cosas debemos ponernos manos a la obra. O acabaremos perdiendo todo y, lo que es peor, entregando, como clase trabajadora, lo más preciado que nos legaron nuestros antepasados: nuestra dignidad...
Tras una temporada con el blog inactivo, por motivos laborales y académicos, toca volver a escribir. Durante este tiempo, alguna de mis reflexiones las he realizado en mi perfil personal de las redes sociales, en mi cuenta de Twitter o en una página específica que he creado relacionada con el blog.

Esta ausencia de escritos en el blog me llevaría a comentar las mil y una putadas con las que nos desayunamos, con las que comemos o nos acostamos cada día. Son tantas, tan indignantes, tan humillantes y tan ofensivas, contra cualquier persona con dos dedos de frente, que comentarlas tras tres semanas con la pluma del blog aparcada me llevaría a escribir un artículo tan extenso como infumable, lleno de rabia y de asco al mismo tiempo. 


Es por ello que el escrito de hoy busca más bien sintentizar. Busca encontrar el porqué. Pero, sobre todo, busca soliviantar a quienes, a pesar de todo lo insultante y todas las bofetadas que nos están dando, se niegan a reaccionar o siguen con la "indignación neohippiesca".

Estamos asistiendo, sin lugar a dudas, a la fractura del barniz democrático, moderno y europeo del régimen de 1978. Ese barniz que se mantuvo fresco durante años, y del que solamente desconfiaban una exigua minoría, bien por ideas (comunistas y anarquistas) o bien por padecimiento en persona de su dureza real (izquierda abertzale en Navarra y Euskadi). Pero barniz, al fin y al cabo. Barniz falso y falsario, que ocultaba una auténtica capa de mugre, de  podredumbre, del rancio aroma a fascismo y franquismo recalcitrante. De mierda, literalmente.

Ahora somos muchos, quizá demasiado tarde, quienes comprendemos en su esencia toda la estafa de la Transición y del régimen pseudo-democrático de 1978. Puedes votar, si, puedes participar, pero no puedes ganar. Si lo haces o tratas de rebasarlo, si te conviertes en un elemento “peligroso”, ese régimen con cara de cordero de 1978 sacará, afilados, los dientes de siempre para darte la dentellada: Solo así se entiende la detención de dos periodistas en Madrid,acusados de “ofensas a la Autoridad”. O lo que es lo mismo, manchar, con datos, pruebas y fotos, el nombre de la Policía Nacional Española. Como si hiciese falta mucho para manchar algo que siempre estuvo en la podredumbre de la violación sistemática de DDHH, de Leyes internacionales; en el charco de mierda chapoteando entre tortura y maltrato: ¿Acaso se puede esperar algo más de un cuerpo lleno de ex torturadores y con ex terroristas de ultraderecha impartiendo cursos como si nada?

Solo así se entiende el atentado a la libertad de expresión contra cincojóvenes anarquistas que, por expresar su indignación en las redes sociales, llevan encarcelados cerca de dos semanas, bajo la supuesta acusación de “apología del terrorismo”.  Encarcelados además en un régimen, el régimen FIES, similar al de dictaduras tercermundistas. En una dictadura disfrazada de democracia ya se sabe: ser guardia civil y matar de una paliza se castiga con un apercibimiento, como en Roquetas o Almeria, en los GAL, etc. Ser anarquista y, harto de todas las canalladas, decir “que ojala vuelen la Zarzuela con todos los zánganos dentro” es un crimen que merece cárcel.

Nos están insultando diariamente: nos están humillando. Porque es humillante que mientras miles de personas siguen en las cunetas esperando tener un enterramiento digno y decente,  el Gobierno español sea, el único del mundo, repito, EL ÚNICO DEL MUNDO, que se atreve a dar y rendir honores a ex combatientes partidarios de Hitler yMussolinni, como ocurre con el caso de la División Azul. ¿Se imagina alguien a los antiguos generales de la Werchtmart recibiendo diplomas junto a miembros de la resistencia antinazi? No se lo podrán imaginar porque es imposible, algo tan insultante solo puede pasar en España donde el fascismo, tras 40 años de dominio, siguió, gracias al nauseabundo pacto de la Transición, metido y colocado en cuarteles, comisarías, administración, justicia y sitios clave y de poder, político y económico.

Nos están maltratando. Están ejerciendo un maltrato constante y sistemático. Porque maltrato sistemático es ver las cifras de paro, la cantidad de jóvenes que emigran a países europeos, la gran cantidad de vidas y familias rotas. Y mientras eso pasa, ver los beneficios que obtienen las grandes empresas del IBEX

Nos están machacando. Porque es un machaque, constante y sistemático, ver como se recortan todos los derechos conquistados. Ver como un joven necesita pedir para que le reimplanten la prótesis que la administración le ha quitado. Ver como hay profesores que tienen que pagar la Selectividad a sus alumnos porque estos ya no pueden pagarla. Porque los recortes en Educación y Sanidad machacan al pueblo y a las clases trabajadoras.  Y mientras se recorta draconianamente, hay dinero para rescatar a las pobrecitas autopistas y sus contratistas, los mismos que enviaban sobres a la sede del Partido Popular según los famosos “papelitos”.

Están usando una violencia desmedida contra nosotros. Una violencia insultante y dolorosa, porque todo lo expuesto tiene un nombre: Violencia. Violencia es ver los homenajes a los miembros de la División Azul mientras siguen en las cunetas miles de republicanos. Violencia es ver como se llevan el dinero en sobres mientras el pueblo pasa necesidad, violencia es ver como las empresas aumentan la tasa de ganancia mientras el Banco de España pide que se bajen los sueldos por debajo del Salario Minimo, o, lo que es lo mismo, la instauración de la Esclavitud en España. O peor, porque al menos, en la Antigua Roma, los esclavos tenían garantizado el sustento y la manutención. Aquí, ni eso. Y eso tiene un nombre: VIOLENCIA CRUEL Y SISTEMÁTICA.

Y ante eso, seguimos con indignación, seguimos con resignación o seguimos con gilipolleces. Seguimos como si viviésemos en 2007 aún, seguimos repitiendo como borregos que las manifestaciones deben ser un remanso de paz, que el sistema funciona, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, que tenemos que “emprender” en vez de quejarnos tanto…. Cada cual, peor.

Y por eso, tres años después de las primeras medidas draconianas de recortes drásticos, seguimos yendo a las plazas a hacer el indio. Seguimos pensando que vamos a cambiar algo esperando a que escampe, seguimos queriendo “no perder la alegría”, y así, en las manifestaciones, tienes la sensación de estar haciendo el gilipollas cuando la gente empieza a cantar o a tocar la batucada. Puedo llegar a comprender que haya que tener un momento para “evadirse”, pero ese momento no puede ser en el que toca demostrar que no nos gusta lo que nos están haciendo.  Puedo incluso entender que en una manifestación con niños puede ser una opción… Pero, ¿en todas?Por eso siento enorme rabia…. Y envidia. Rabia al ver que lo perdemos todo y que parecemos no tener aguante. Rabia al ver que no somos capaces de que la gente entienda la siniestra ecuación en la que se basa el carcomido régimen del 78.Rabia. Al ver imágenes como las del otro día, de culos contra la Troika. Me dirán que es muy original y creativo. Pero ¿de verdad esperan que el FMI y la UE no suelten una sonora carcajada ante nuestros festivales o manifestaciones de la risa?

 

¿O acaso será ante esto ante lo que “se aterrorice la Troika”?
Y seguramente vendrá el típico pacifista enfermizo o el típico que, con el estómago lleno, aún se pregunta "que hay de malo en ir a bailar a una manifestación". Pero es que damos vergüenza ajena. Hasta tal punto que, algunos, hartos de cosas así, estamos comenzando a ser selectivos en la asistencia a según que manifestaciones. Porque en muchas ocasiones tienes la sensación de haber perdido el tiempo y, además, cabrearte más. Toca organizarse, toca concienciar, toca prepararse, toca argumentar y toca dejarse de gilipolleces. Por eso en los últimos días, un valiente y orgulloso pueblo, como el de Turquía, nos está dando, como ya lo hayan hecho el pueblo griego, el sueco, el italiano y otros tantos, una lección de por donde tienen que ir las cosas. Allí, en Turquía, silenciada y MANIPULADA por los medios, se han levantado contra las políticas proeuropeas, antisociales y pro-religiosas del repugnante Erdogán -el amigo de Zapatero-. Se han levantado en contra de la intervención en Siria en favor de unos rebeldes sirios amigos de la OTAN despreciados por el pueblo turco. Se han levantado contra una inmensa maraña de corrupción político-económica, contra el mismo sistema capitalista que aquí nos aplasta y contra la feroz represión policial. No será casualidad que las policías de España y Turquía sean las más denunciadas por organizaciones como AI, DHR o HRW. Siendo una protesta semiespontánea, pero bajo un liderazgo claro y cada vez más organizado del TKP (Partido Comunista, aunque la prensa de aquí les llame "indignados", faltando a la verdad) en poco tiempo ha tenido muy claro que hay que hacer y que no hay que hacer. A pesar de ser un país con una tasa de paro muy por debajo de la española, los manifestantes, el TKP y la clase obrera lo ha tenido CLARÍSIMO: Hay que responder a la brutalidad policial, hay que organizarse, hay que pelear, hay que dejarse de chorradas y memeces, hay que convocar una huelga de tres días por parte de los sindicatos turcos. Por eso también tienen muy claro que NO hay que hacer: no hay que hacer el indio, no hay que ponerse caretitas de la Warner, ni yacer y morir en una plaza haciendo comisiones de Reiki y Taichi, como aquí hacían los "indignados". Tampoco hay que buscar un pacto como UGT y CCOO, ni hacer huelgas de mamoneo sindical de una jornada. Podría explayarme eternamente, mostrando mi admiración, orgullo y envidia (sana) por el pueblo turco. Podría admirarle con miles de líneas. Pero prefiero concluir con el vídeo de como actúa un pueblo con garra, con un trabajo previo de organización, un pueblo con las cosas claras que no ha caído en las garras de la resignación. Da verdadero orgullo y alegría verles pelear.


Curiosamente hace un año que España demostraba dignidad bajo la vanguardia de los mineros. Desgraciadamente nada queda de ello, salvo pinceladas de ello en Euskalherría durante la pasada huelga general. Quienes deseamos un cambio de verdad, quienes sinceramente queremos transformar las cosas debemos ponernos manos a la obra. O acabaremos perdiendo todo y, lo que es peor, entregando, como clase trabajadora, lo más preciado que nos legaron nuestros antepasados: nuestra dignidad como seres humanos ante nuestros enemigos.

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