lunes, 20 de mayo de 2013

Para reconocer un fascista enajenado

JM. Rodríguez


Dado que, por estos tiempos de dominio mediático y mímesis amoral, la oposición ha logrado un cierto éxito en hacer que la política se parezca a un peloteo de volibol; he juzgado útil traer dos listas de verificación que permite determinar el tamaño del embaucador que tienes delante. La primera de ellas es la que, el escritor Luís Brito, usa para identificar con certidumbre un fascista. Veámosla:
1.    ¿Es anticomunista?
2.    ¿Es beato?
3.    ¿Odia a las mujeres?
4.    ¿Desprecia a los que no son blancos?
5.    ¿Cultiva la ignorancia?
6.    ¿Duda entre Miami y Washington?
7.    ¿Lo apoya el gran capital?
8.    ¿Tiene la bendición de la iglesia?


Si cumple, al menos, con cuatro condiciones de esta lista, seguro que de joven perteneció a Tradición, Familia y Propiedad. Si está por encima de cuatro es un experimentado heredero de las Waffen-SS.

Pero, si ahora quieres medir su estado mental (una inútil redundancia), revisa la lista de chequeo que los expertos en comportamiento humano han construido y que, el alcalde y siquiatra Jorge Rodríguez, nos la mostrara recientemente.
1.    ¿Tiene dificultad para adaptarse a normas sociales?
2.    ¿Miente arrebatadamente?
3.    ¿Es impulsivo?
4.    ¿También irritable y agresivo?
5.    ¿Se mueve con imprudencia?
6.    ¿No expresa remordimientos?

Decía Jorge que si cumple, al menos, con tres de estas características, se puede estar seguro de tener identificado a un sujeto con trastornos de personalidad antisocial, potencialmente peligroso.

Pues bien, si hiciéramos este ejercicio con los dirigentes del PSUV, ninguno reuniría más de dos características de la primera lista aunque, sin duda, alguno de ellos estaría presente en varias de la segunda. Si por el contrario, lo hacemos con los dirigentes de Primero Justicia, no les faltará ninguna de las catorce.

O sea, en la revolución tenemos nuestros locos, pero los fascistas están todos en la derecha. Y eso no lo pueda tapar ninguna imitación.

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