jueves, 2 de mayo de 2013

La soberbia va a la guerra

JM. Rodríguez
(rompiendo mi hábito de artículos cortos)

I
La soberbia que guía a la derecha, que es su conciencia de clase, le imposibilita aceptar un gobierno del pueblo. Está convencida de que una mayoría “numérica” no es suficiente para gobernar el país, se requiere aptitud para ello. Y supone que tal cualidad es de ella.
Sabe que, fuera de su propia clase, tal argumentación resulta difícil de tragar. Por eso ha recurrido al comodín del fraude para explicar los abultados resultados electorales. Pero, ahora, con cifras que se aprietan, la contradicción entre cantidad y calidad perdió fuerza.
Esto traerá tiempos tempestuosos los próximos 32 meses. La burguesía intentará un golpe de estado y, de no lograrlo, convocará a un revocatorio para finales del 2015. Estaremos en guerra durante este tiempo. En tal escenario es bueno recordar uno de los preceptos del arte de la guerra, de Sun-Tzu: “La invencibilidad reside en la defensa, las oportunidades de victoria, en el ataque.” 
La clave de este precepto es saber de qué debemos defendernos y cómo atacar. El asunto de la defensa está referido a la solidez de nuestras murallas. Esa robustez se obtiene con: acuerdo en lo que queremos, disciplina para aceptarlo y trabajo colectivo para lograrlo. Esto es la conciencia de clase revolucionaria. Ella puede resistir con éxito los ataques de la burguesía.
Sin embargo, no creo que estos ingredientes estén unidos firmemente. No creo que hayamos alcanzado madurez revolucionaria. No se ha hecho el esfuerzo suficiente para obtenerla.
Mencionaré tres realidades inocultables: 1ª La austeridad revolucionaria dejó la poesía (la mayor suma de felicidad posible), y devino consumismo dadivoso. 2ª Se asume que puede haber disciplina sin acuerdos. 3ª Se asocia el trabajo colectivo a lo local (ni siquiera comunal), mientras se consolida, en lo nacional, una economía pro-capitalista.
  
II 
Retomando el precepto de Sun-Tzu, “La invencibilidad reside en la defensa, las oportunidades de victoria, en el ataque.” Pasemos ahora al tema del ataque que, según los caracteres chinos, tiene varias maneras de traducirse. Uno de ellos es <<castigar a los culpables>>. Voy a centrarme en esta significación.
Castigar a los culpables va más allá de sancionar la falta cometida, es enfrentar la impunidad. Ella está presente, y de manera muy insolente, en la vida ciudadana e institucional de nuestro país. La impunidad en la calle, en los tribunales y en los centros penitenciarios produce inseguridad. En la actividad económica y en la política, es subversión. Las sanciones contra las actuaciones delincuenciales de la derecha, no puede se obviadas buscando tranquilidad política.
La impunidad es un poderoso corrosivo que acaba con las armas de cualquier ejército, sobre todo de los ejércitos revolucionarios cuya disciplina surge de la voluntad propia. La impunidad sólo puede ser derrotada siendo implacable con los responsables de haber cometido un daño, así sea en la confianza. No puede haber temor, desidia o complicidad para hacerlo.
Y menos aún cuando los daños contra la revolución son cometidos por funcionarios disfrazados con franelas rojas. Hablo de esos que han colocado sus intereses personales por sobre los colectivos, sean porteros, oficinistas, directores, ministros, alcaldes o gobernadores. Ellos deben ser castigados, así sólo sea con su destitución, pues producen desesperanza en el pueblo y frustración en los revolucionarios. Una verdadera desgracia. 
Los revolucionarios no tienen que buscar las pruebas de estos desmanes. Esa sería tarea de un partido revolucionario. Siguiendo con China, allí tienen un proverbio que dice: “No culpes al que habla, toma sus palabras como una advertencia”. Y en occidente tenemos otra: “no basta  con ser honesto, hay que parecerlo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde el 8 de Junio del 2011

Archivo del blog