miércoles, 21 de marzo de 2012

ULTIMÁTUM


Darío Botero Pérez


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¿Por qué razón los sionistas -que se burlan del Mundo entero y a todos nos consideran nacidos para servirles-, tras la ilegal creación del Estado de Israel por la ONU en 1947, y su posterior fundación, en territorios secularmente palestinos, por el guerrillero invasor Ben Gurion, en 1948, pueden poseer bombas atómicas desarrolladas para apurar el Armagedón; pero los otros obsesos teocráticos herederos de las mismas aberraciones místicas de Abraham, tan pavorosamente representados por los fundamentalistas Ayatolas, no pueden desarrollarlas?

Lo cierto es que ambos  son igual de dogmáticos, extremistas, despiadados, invasores, peligrosos y detestables, como lo han sido los cristianos, ahora tan desacreditados que difícilmente lograrán fanatizar a sus mayorías para alimentar la guerra que salvaría a los enemigos comunes, aunque no desisten de ese propósito, como lo demuestran las provocaciones a los musulmanes, quemándoles copias del Corán o asesinando civiles indefensos por obra de los cristianísimos soldados usanos, presuntos seguidores del “dios del amor”.


Sionistas, cruzados y yihadistas representan caras de la misma exótica moneda triangular de místicos asesinos -con cerebros cuadriculados ajenos al conocimiento racional y objetivo pero rabiosos defensores de dogmas absurdos y lapidarios- que alegan ser los auténticos representantes de dios, de modo que se constituyen en enemigos declarados de la Humanidad, la Vida y la Tierra a nombre de Yahvé, del Cristo o de Alá.

Pero ningún país -independientemente de su ideología, su religión, sus creencias y convicciones, incluyendo a USA, China, Rusia, India, Pakistán y los demás que las han desarrollado-  tiene derecho a poseer armas atómicas ni a amenazar a nadie, aunque los sectores más fascistas de occidente aseguren que Israel es sagrado, de modo que estaría autorizado escatológicamente a hacer lo que les de la gana a los sionistas que lo dirigen, según lo afirma la Biblia y lo confirman los gobiernos títeres de USA. 

Éste, como sabemos, se ha constituido en el gendarme universal y la grande, poderosa y decadente colonia americana del sionismo.  Aprovechando su preeminencia, induce a sus propias colonias incondicionalmente genuflexas a apoyar a los peores enemigos comunes de la Humanidad, cuya derrota nos incumbe a todos los seres libres y dignos, independientemente de que nos consideremos hijos de Dios (con mayúsculas) o seamos escépticos, agnósticos o hasta ateos, siempre y cuando no nos atribuyamos el derecho a apabullar a nadie.

Lo importante es que respetemos a los demás y no nos sintamos superiores ni inferiores a nadie, pero sí más evolucionados que los sicópatas amantes de la violencia y enemigos de la inteligencia y la convivencia, que nos quieren exterminar y acabar, tanto como a la agredida y súper explotada biosfera, atacada por todos los frentes y por todos los regímenes.

A esas degeneraciones desvergonzadas, que nos degradan pero que han dominado en la Historia acudiendo a las prácticas más despreciables, repudiables y detestables que alguna especie jamás haya concebido; sí, con absoluta seguridad, como la principal obligación para evitar el Armagedón, sí tenemos que denunciarlas, repudiarlas, combatirlas y vencerlas; sin lugar a dudas.

¡Sí; sí!  Es la máxima obligación de todo aquel que ame la Vida y desee participar en la construcción de una sociedad que la respete y exalte; en la que vivir sea un deleite en vez de la lucha desesperada por sobrevivir, necesariamente aparentando, engañando, traicionando y envileciéndose, a que todos se ven sometidos en las sociedades que han imperado en la moribunda Historia.

Es el gran requisito para poder trascender, superar, abandonar, enterrar con sus mentores,  el aterrador período antropológico en el que han dominado los viles, forzando a las mayorías a convertirse en tales. No podemos olvidarlo; de ahí la redundancia deliberada.

Es un hecho que no podemos retardar, o los muertos seremos esos 6.500 millones que han anunciado Ted Turner y Bill Gates a nombre del Club Bilderberg.

Necesitamos proceder, en un acto soberano de cada individuo, a derrotar el Nuevo Orden Mundial, como integrantes activos de la naciente y creciente Sociedad Democrática Global que nos permitirá realizarnos plenamente a todos y cada uno.

Por eso estamos obligados a despreciar, denunciar, desenmascarar y vencer a los enemigos comunes, retirándoles cualquier respaldo a todos los parásitos que dicen gobernarnos y a sus amos potentados, pues son degeneraciones de la especie humana dedicadas a destruirlo todo.  Auténticos sicópatas que se complacen en el crimen y cuyo mayor placer es causar dolor, pisotear, despojar y humillar al que consideren débil e incapaz de vengarse.

Los dignos tendrán que vencerlos, salvando el planeta y la Vida, o de planeta y Vida quedará pocón.

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En esas estamos, y si no nos pellizcamos el sionismo divinamente criminal acabará con 6.500 millones de seres humanos, como ya sabemos, en caso de que no se les vaya la mano y acaben con todos para que los 144.000 “justos” se vayan, de una vez, en cuerpo y alma para el cielo, desde donde disfrutarán los gritos y sufrimientos de las inmensas mayorías condenadas.

Al fin y al cabo, su misión histórica y escatológica es causar el Fin del Mundo, de modo que los fundamentalistas monoteístas dedican sus vidas a satisfacer su enfermiza obsesión.

¿Será que se los permitimos y, en vez de defendernos, nos ponemos a rezar para integrar el escaso número de salvados, si ese discriminador dios lo permite?

¡A cada uno le toca decidirse, incluido tú pues, según Jesús, también eres hijo de Dios y templo del Espíritu Santo, con los mismos fueros que cualquiera aunque les duela y pretendan negárnoslo los ministros religiosos que se atribuyen la representación exclusiva de la divinidad y viven de explotar esa noción!

A raíz de la crisis económica definitiva causada por los potentados despiadados que  se arropan en esa doctrina, y a quienes tanto les sirvió la filósofa sionista y atea, Ayn Rand con su inspirador Neoliberalismo, para dotarlos de una teoría que justificaba y resaltaba la existencia de los grandes estafadores o “capitanes de industria”, así conocidos para ironizar sus delitos, aunque la mayoría y los más peligrosos son banqueros; lo cierto es que el sionismo está desesperado por desatar el cataclismo universal, de modo que amenaza con atacar a Irán, directamente y por arbitrarias, subjetivas y unilaterales  razones “preventivas”, de esas que arguyó el tarado Bush para justificar sus injustificables agresiones a Afganistán y, posteriormente, a Irak, a raíz de los auto atentados del 11 de septiembre de 2001, que siguen impunes aunque sus actores reales están bastante bien identificados, como las momias sionistas Donald Rumsfield y Dick Cheney.

Con igual propósito bélico universal, Israel ha tratado de atacar, mediante numerosas provocaciones y acusaciones oportunistas, y sin dar la cara, a Corea del Norte a través de USA. 

Cualquiera de las agresiones desencadenaría fácilmente la guerra mundial, pues al régimen de los ayatolas, tanto como al del heredero de la dinastía “comunista” del lejano oriente, o al del despiadado sicópata, tenebroso doctor Mortis, el médico Bashar al Assad -que está masacrando a su pueblo hace más de un año y hasta ha convertido en torturadores a sus colegas de profesión, quienes aprovechan los hospitales para tal menester, sin que las asociaciones médicas protesten-, también los apoyan asesinos bien armados, ambiciosos e inescrupulosos. 

Además de la China de Hu Jintao –providencial tabla de salvación del capitalismo en su agonía-, el  gran padrino de los déspotas declarados es Vladimir Putin, recién reelecto presidente de Rusia mediante métodos mafiosos impresentables, lo cual hace que la respuesta a un eventual ataque sionista contra Irán o Corea del Norte sea previsible, pues le serviría al repudiable ex jefe de la KGB para conservar un poder que cada vez más ciudadanos salen a las calles a exigirle que les devuelva. 

También es posible que la OTAN propicie un ataque de similar capacidad detonadora de la guerra mundial, invadiendo a Siria.

Pero los sionistas no descuidan ningún frente, de modo que han revivido sus aleves agresiones contra los inermes palestinos, aduciendo que Hamas sigue lanzándoles bombas obsoletas y hasta de fabricación casera, que poco daño hacen, como lo señaló Jimmy Carter en su momento, y que, probablemente, los mismo sionistas financian, inventándose un pueril pretexto para responder con sus sofisticados cohetes y con fósforo blanco, como en el 2008, saciando su sed de sangre mientras avanzan en la extinción y el despojo de quienes ocupan “su” “tierra prometida”.

Están convencidos de que las tierras palestinas les pertenecen, desde que Abraham salió con el cuento de que sus sueños, arbitrariamente expropiadores y masacradores de sus amables anfitriones, eran una inspiración de Yahvé que les indicaba e imponía su misión de enemigos de todos los pueblos a los herederos de su nieto, también soñador, el tramposo Jacob, más conocido como Israel. 

Eran sueños que habrían de cumplir, según le dijo Yahvé a Abraham, después de que Moisés los sacase de la esclavitud en Egipto, dándoles tiempo a los primigenios habitantes de las tierras a que se corrompiesen.

La tal corrupción la interpretan los sionistas desde sus libros sagrados como entregarse a la concupiscencia, que es tan indispensable para que las especies no se acaben pero que este pueblo elegido resolvió considerar un pecado; o sea, una ofensa contra dios.

Tal caracterización es algo bastante perverso, si se analiza bien, pero muy conveniente para los depredadores inescrupulosos porque sería la justificación moral para el arbitrario despojo tanto como para asesinar prójimo sin compasión y con cualquier método vejatorio, como los usados por el rey David, lo cual sí parece más pecado que hacer el amor desenfrenadamente y con todo el que se atraviese, al menos para quienes nos negamos a dejarnos enceguecer por dogmas arbitrarios y nos declaramos defensores de la Vida y respetuosos de sus expresiones.

Sin duda, esos sueños que los sionistas reputan de mandato divino para el “pueblo elegido”, son del mismo tenor megalómano, infundado, caprichoso y antropocentrista de su leyenda fundacional.  Esto es, de los dogmas discriminatorios que afirman que los hijos de Adán y Eva son lo mejor y el centro de la creación, de modo que tienen derecho a destruir lo que se les antoje y a despojar y matar a quien quieran, incluyendo los a “hijos de los hombres”, y hasta a sus bellas hijas, después de violarlas.

Lo más desconsolador es que esos sueños tan mortales para los palestinos, ahora lo son igualmente para toda la Humanidad, que se haya amenazada con el holocausto nuclear.

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Por fortuna, fue Esaú el verdadero primogénito de Rebeca e Isaac, y sus herederos no fueron esclavizados por los constructores de pirámides ni aleccionados por los masones que las diseñaron.  Isaac, a su vez, fue  el hijo de Sara y Abraham, aunque no el verdadero primogénito del patriarca del tío de Lot, pues ese honor le correspondió a Ismael, el hijo que engendró con su esclava Agar y cuyos descendientes también se han desenvuelto en esos territorios del Medio y Cercano Oriente desde que pasó el Diluvio Universal, por lo menos.

De todos modos, aunque Jacob logró robarle a su padre Isaac la bendición que le correspondía al primogénito Esaú; el engañado padre, ante sus desgarradores ruegos, terminó dándole a éste una bendición sucedánea, señalando a sus descendientes como esclavos de los herederos de su hermano hasta alcanzar un futuro de libertad que estamos a punto de coronar pero que nos quieren robar los segundones ambiciosos, herederos del tramposo y su perversa madre, quien odió a su primogénito desde que lo engendró. 

Quizás, si la Biblia tiene razón, aunque es bastante ambigua, sea la hora de los judíos  descendientes del que cambió su progenitura por un plato de lentejas.  Se trata de personas decentes, ingenuas y honradas, a juzgar por las actitudes de Esaú, que se aterran con las bestialidades de los levitas y tampoco quieren desaparecer a causa de los caprichos de los Rotschild y demás sionistas rabiosos e intolerantes que, ahora, tienen el Mundo en sus manos.

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La cuestión es definitiva, probablemente, porque los enemigos comunes esta vez no esperarán a la reelección de Obama.

No aplazarán su Armagedón, como lo hicieron en enero de 2009 para no retar ni desacreditar tempranamente al demagogo y recién electo mestizo.  Ahora lo tienen asegurado como títere incondicional, según él mismo se ha esmerado en corroborarlo anunciando su respaldo irrestricto al sionismo y su subordinación a Benjamín Netanyahu. 

Aunque buscando su reelección, ha asumido la mala imagen que le da su respaldo expreso a las iniciativas bélicas del primer ministro de Israel. Al fin y al cabo, los republicanos también apoyan irrestrictamente ese crimen, de modo que el efecto en las elecciones sería neutro.

El hawaiano se ve obligado a doblegárseles a los amos del Mundo representados por Benjamín, a pesar de que tiene dos niñas en trance de adolescentes a quienes arriesga dejar sin futuro porque entiende que desatar la guerra mundial es una medida absolutamente mortal para la especie humana cuando dispone de armas atómicas que, hasta ahora, sólo han usado los monstruos criminales de USA convencidos de que es su derecho golpear a quien se les ocurra, sobre todo si están amenazados los privilegios de los potentados, en particular los de los amorales sionistas.

En consecuencia, a la parte sana de la Humanidad le corresponde reaccionar urgentemente, pues una vez desatado el cataclismo se perderá toda esperanza, de modo que las aterradoras amenazas apocalípticas cobrarían plena vigencia, para horror de quienes estén vivos, según nos lo han advertido los criminales teístas adeptos a tal destino catastrófico, y afanados por apurarlo.

Sólo actuando digna y multitudinariamente podremos evitarlo los tolerantes, negándonos a actuar como masas informes y convencidos de que la vida es sagrada, de modo que nadie puede atribuirse el derecho a quitársela a otro, por muy autorizado por su noción particular de dios que diga sentirse; por muy importante, virtuoso y santo que se crea, y por mucho que nos desprecie a los demás.

De ahí que la solución no esté en las manos de ninguno en particular, pues ya nadie está dispuesto a aceptar que lo suplanten. 

Por tanto, es una tarea común de la especie humana, en la que participarán todos los que se consideren dignos, guiados por su conciencia y sus intereses, que coinciden con los de las mayorías oprimidas por los potentados y sus lacayos, siendo éstos los enemigos comunes que a todos nos compete vencer y superar, antes de que se salgan con la suya y desaparezca toda esperanza.

¡Tú cuentas, no lo olvides!

Haces falta aunque nadie es imprescindible, por fortuna, pues no se trata de exaltar individuos que están destinados a morir, al menos mientras los potentados impidan que la ciencia lo aplace y morigere. 

Tampoco se trata de respaldar caudillos mesiánicos,  sino a las especies vivas cuya continuidad está seriamente amenazada por los desmesurados ataques a la biosfera, que se agravarían con la guerra, 

Por fortuna, los dignos podemos evitarla, según el refrán de que “guerra avisada no mata soldado”, así como podemos impedir que los gobernantes vendepatrias sigan destruyendo los ecosistemas para que las multinacionales puedan elevar sus utilidades cumpliendo la sagrada misión de valorizar sus capitales, de modo que no dejen de crecer aunque la Humanidad y la Vida en general se vean privadas de los recursos necesarios para garantizar su supervivencia.

 Al efecto, cada uno puede hacer aportes que, eventualmente, podrían constituir sólidas y eficaces soluciones, en vez de esperar que el líder omnipotente se inspire e imponga sus caprichos.

En consecuencia, como aún no hemos muerto, la permanencia de la Vida depende de quienes tenemos la oportunidad de evitar la extinción programada por la masonería hace como cinco mil años y que los sionistas están dispuestos a efectuar.

Sienten que ya les llegó su hora de la venganza contra una sociedad que los ha perseguido desde que salieron de Egipto para expropiar a los palestinos sin detenerse ante ningún crimen, y son aterradores los que han cometido.

Es algo obvio, sujeto a la conciencia de cada individuo, cuando las amenazas y agresiones del sionismo y sus lacayos son definitivas y las realizan a la vista de todo el que quiera ver, aunque son demasiados los fanáticos enceguecidos por sus creencias, de modo que jamás verán nada y siempre apoyarán a los enemigos de todos y de todo.

¡Allá ellos! Ojalá tú no sufras de esa miopía y permitas que tu guía más confiable sea tu conciencia y no las de otros.  ¡Amén!       

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