viernes, 23 de marzo de 2012

Otra batalla en la Guerra de IV Generación


Miguel Guaglianone

La confrontación por la conquista de las mentes, las emociones y los espíritus de la gente, que se está dando en todo el mundo (la que los propios militares han llamado la Guerra de Cuarta Generación), desarrollada sobre todo a través de la acción de los medios de comunicación, es el escenario bélico más encendido y extendido en nuestros días.

Más allá de las guerras convencionales de conquista (Irak, Afganistán, Somalia, Siria, Irán, etc.) que ya se están llevando a cabo sobre todo en áreas geoestratégicas o poseedoras de recursos fundamentales de países periféricos; es a lo largo y ancho del espectro comunicacional que abarca como una apretada red todo el planeta, que se desata incesante el hegemónico bombardeo (que viene por supuesto desde los poderes establecidos y desde los países centrales) de sus criterios políticos y económicos, valores, juicios y formas de vida, con el objetivo principal de imponer a las grandes multitudes las razones y justificación de la dominación ejercida por los amos del poder, y que hoy más que nunca intentan mantener.

Gran parte de esa acción alienante de la red corporativa internacional de medios de comunicación se produce en forma subrepticia, a partir de intrincados e invisibles mecanismos de persuasión, pero hay una parte de ella que no sólo es transparente y evidente, sino que en algunos casos llega a ser brutalmente grosera.


El presidente de Ecuador, Rafael Correa, según el mismo relata, realizó la primera visita de un mandatario de ese país a Turquía. Al regreso debió realizar una parada técnica en Murcia (España) y al llegar allí fue invitado por Mariano Rajoy, actual presidente de ese país, a una reunión en Madrid, que aceptó de inmediato. En el entorno de esa reunión, el canal internacional de 24 horas de la Radio Televisión Española le realizó una entrevista a través de la periodista Ana Pastor, jefa de los servicios informativos del canal. (Ver la entrevista en

Para quienes estamos desde hace tiempo en medio de esta guerra que mencionamos, no es de extrañar el abuso y los excesos cotidianos cometidos sobre todo por los medios corporativos (en general los privados), pero aún así, la soberbia, el autoritarismo y el desparpajo esgrimidos en ocasiones como la que relatamos, no deja de provocar una sorda indignación y la necesidad de una respuesta.

El programa comenzó de un modo normal, inclusive haciendo referencia tanto entrevistadora como entrevistado a una conversación previa en estudios antes de comenzar el programa, pero poco a poco y en la medida que Correa iba, no sólo contestando sino también dejando sentadas ciertas verdades tales como la injusticia de las leyes españolas, que en el caso de las hipotecas inmobiliarias condenan a las personas y no al capital, o el peso y la presión que los medios de comunicación aplican políticamente sobre los presidentes, sobre todo en Latinoamérica, comenzó a aparecer por allí los que los propios españoles denominan “mala leche”, y las preguntas, actitudes de la entrevistadora y materiales presentados llegaron a convertirse en un ataque personal a Rafael Correa. El ataque frontal comenzó con la presentación de un video con declaraciones conseguidas en Ecuador “por el corresponsal de RTE”, emitidas por el hermano mayor del presidente, atacándolo, y aunque Correa ya había respondido sobre su hermano en las preguntas anteriores sobre el tema, y explicado claramente que esto le era muy doloroso a nivel personal, la insistencia –luego de pasado el video– de volver sobre lo ya respondido, mostró una intención que ya no era de entrevistar, sino de atacar al entrevistado. El punto álgido llegó cuando la periodista fue al tema de los medios de comunicación, de los “ataques sobre y peligros para la libertad de expresión”, de las “condenas internacionales” de parte de “The New York Times”, de “Amnistía internacional” y de “Human Rigth Watch”, al supuesto riesgo que corre la libertad de expresión en Ecuador, que significan la sentencia de un tribunal a favor del Presidente Correa por “injuria” de parte del periódico “El Universo”, o el proyecto de ley que está considerando el Congreso ecuatoriano sobre la regulación legal de los medios, o el de ley electoral que prohíbe el uso institucional de los medios para apoyar candidaturas y posiciones políticas.

Las respuestas del presidente Correa, y su insistencia en ir hacia la verdad fueron molestando de tal manera a la entrevistadora, que en un momento cuando éste le pregunta “¿Ud. cree que yo soy un dictador, Anita?” la respuesta textual fue “¡Yo no contesto preguntas, yo las hago, y no permito que me llamen Anita!” (forma como Rafael Correa venía nombrándola cariñosamente desde el principio del programa). De ese tono quedó la intervención, que supuestamente debía ser “objetiva” y “moderada”, de quien conducía el programa, que de todas maneras guardaba bajo la manga otros temas, como el supuesto enfrentamiento de los movimientos indígenas contra el gobierno de Correa.

El saldo de la entrevista fue claro, Rafael Correa no sólo desmontó los ataques programados, sino que dejó firmemente establecidas sus posiciones y las de su gobierno. Para lograrlo, usó una forma de discurso que hace tiempo viene empleando, conjuntamente con el presidente Chávez y el presidente Evo Morales, de manejarse no con los preconceptos y supuestos (y clisés) determinados por el “establishment”, sino con las verdades evidentes en el mundo real, y llamando al pan, pan y al vino, vino. Y todo esto lo hizo con el tono de altura, respeto y simpatía que lo caracterizan. Lo que sucede generalmente es que este tipo de discurso, que cuestiona esencialmente los mitos del poder establecido, provoca generalmente (y en Venezuela lo vemos cotidianamente) el enfurecimiento de las derechas sustentadoras del status quo, que se quedan sin verdaderos argumentos y que entonces recurren sistemáticamente a la descalificación y al insulto (sobre todo a nivel personal).

La guinda del pastel fue el panel que al finalizar la entrevista colocó el canal para comentarla. Una conductora del canal y tres periodistas, Marisa Cruz, periodista de “El Mundo”, Fernando Berlín director de radiocable.com y Luis Aizpeolea, de “El País”, realizaron un feroz ataque a todo lo que Correa había dicho y esgrimido en esa entrevista. Allí no sólo hubo la descalificación personal, tildándolo de soberbio o prepotente, sino cosas como la valoración automática de que es “un populista”, epíteto que pareciera ser por sí solo absolutamente inhabilitante (y que generalmente se emplea en mandatarios elegidos con amplios votos de la población) o la indignación de todo el panel porque alguien se atrevía a cuestionar a los medios de comunicación, calificándolo inmediatamente de censurador o controlador. Se llegó a decir el disparate de que si bien los medios de comunicación no tenían el aval del voto de la población, son el único sistema que garantiza el control de la democracia. Usando las mismas lógicas que en nuestro continente utiliza la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) que trata de identificar a los medios de comunicación como voceros y representantes de la población, o que confunde la opinión de los dueños de esos medios con la opinión pública, estos periodistas unánimemente se expresaron como los portavoces del status quo de dominación. Curiosamente, la representante de la Radio Televisión Española se identificó totalmente con esas posiciones, colocando un medio público (que si bien es cierto que hoy está manejado por el PP, debería conservar una cierta independencia) en la misma trinchera de los medios privados de todo el mundo.

El propio panel fue una muestra de la absoluta hegemonía de una sola voz, la del ataque y descalificación al entrevistado, en ningún momento apareció la mínima consideración por parte de alguien, de sus razones y argumentos.

Inclusive fue posible percibir allí ese menosprecio que surge a veces (y sobre todo en España) entre su “civilización” y nuestra “barbarie”, el mismo que los hace calificarnos despectivamente como “sudacas” y que en este caso pareció exacerbado por la explicación del economista Rafael Correa, de cómo Latinoamérica parece estar enfrentando la crisis económica general que afecta a los países centrales, con políticas diferentes a las pretendidas soluciones neoliberales (palabra que utiliza el autor y que Correa nunca empleó en la entrevista) que ellos están aplicando, y con relativo éxito.

En definitiva, una clara muestra más de la manipulación, ocultación, engaño y alienación de la acción de los medios corporativos de comunicación, una respuesta adecuada de alguien que es parte de los nuevos vientos de cambio que están soplando desde Nuestramérica, y una nueva escaramuza victoriosa en la asimétrica Guerra de Cuarta Generación.

Publicación Barómetro  22-03-12

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