sábado, 24 de marzo de 2012

¿La situación actual de Cuba? y ¿sus perspectivas?


… también es válido afirmar que la izquierda cubana o está por el socialismo o contra él, aquí tampoco existen términos medios.
Riflexiones
Recientemente leí la Conferencia Magistral de Martínez Herediaen el XVII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba. Oaxaca, México, marzo 2012, publicada en Cuba Debate el 17 Marzo 2012 y anteriormente en Rebelión.
Cuando Martínez Heredia comienza su disertación cuestionando  “cuál será finalmente la naturaleza del régimen  que ha ido emergiendo de la crisis de los años noventa” en Cuba, pensé que a continuación encontraría serios argumentos de nuestra realidad socioeconómica y política. ¡Qué fiasco!
Y el fiasco es monumental, sobre todo después de haber leído otro artículo de Martínez Heredia titulado   “Contra el capitalismo”, aparecido en Cubarte el pasado  2011-09-05, en donde este reconocido intelectual cubano afirma sobre el capitalismo:

No es posible ser ciego: están tratando de convertir en hechos naturales hasta sus mayores crímenes, en asuntos de noticias sesgadas y empleo de palabras más o menos comedidas. Su apuesta es lograr que los activistas sociales y los intelectuales y artistas que son conscientes y se oponen queden solos y aislados en sus nichos, y sus productos sean consumos de minorías, mientras las mayorías conforman una corriente principal totalmente controlada por ellos.        He optado siempre por ser intransigente en las cuestiones esenciales y atender a los matices y diversidades en todo lo demás. Pero me temo que en este asunto hoy no hay lugar para los usos profesionales ni las pluralidades, ni siquiera para la urbanidad: o estamos contra el capitalismo o estamos a favor de él”.
Debo, tras leer la Conferencia última de Martínez Heredia, establecer  que también es válido que la izquierda cubana o está a favor del socialismo o contra él, aquí tampoco existen términos medios.
Me sumo a quienes creemos que la Conferencia Magistral de Martínez Heredia lamentablemente debemos  comentarla. Comienzo por decir que mi análisis no parte de la comparación de Cuba con ningún otro país, sino con el  descomunal esfuerzo y sacrificio realizado por el pueblo cubano y la igualmente descomunal ayuda internacionalista recibida.
 No hay contexto similar alguno entre quienes han hecho una revolución y han pagado un alto precio para conservarla y quienes por imposibilidad o falta de valor no lo han hecho. Parto igualmente de la concepción que después de la experiencia vivida hay que oponerse radicalmente tanto al capitalismo como al socialismo, ese socialismo  que no fue, y aún  no es. Por supuesto tampoco creo en reduccionismo alguno, no habrá socialismo solo con justicia social, ni solo con estatismo. Sin socialización y democracia popular y plebiscitaria no habrá socialismo y no vale la pena defender otra cosa.
Soy de los que piensan que el intelectual revolucionario debe tener un solo discurso y no varios para pronunciarse de acuerdo a la ocasión,  realmente las aseveraciones de Martínez Heredia no están a la altura del intelectual que siempre ha sido.
Según él, en las dos últimas décadas se han producido cambios grandes e importantes. La crisis, y algunas de las medidas aplicadas para enfrentarla, han implicado retrocesos respecto a la nueva sociedad y a sus proyectos. Pero la estrategia general, la mayor parte de las medidas y la voluntad revolucionaria han sido positivas y han resultado decisivas,
Habría que cuestionarse para quién ha sido positiva tal estrategia, si está pensando en el estado y sus grupos de poder, tiene razón,  pero obvia, no sé porqué, que en las últimas dos décadas hubo un proceso de desideologización en nuestro pueblo, que se acentúa aún más con las medidas tomadas en los lineamientos, donde damos un espaldarazo a la pequeña propiedad privada, permitiendo la explotación asalariada por tales propietarios. Es posible que él crea que fortalecer el capitalismo en Cuba o una especie de capitalismo estilo asiático sería beneficioso para nuestro país.
Se desfasa cuando afirma fehacientemente que el poder político de la Revolución se ha mantenido incólume, y controla la economía nacional y sus relaciones internacionales. Vamos a citarle un solo ejemplo a Martínez Heredia. ¿Cree él que la juventud cubana actual tiene la misma firmeza ideológica que la existente en los años 80 del siglo pasado, antes de la caída del campo socialista   y después de  las dos décadas de periodo especial?
Donde ubica Martínez Heredia Calle G, el movimiento rapero, el hip hop y toda la parafernalia de descontento juvenil en nuestra sociedad. ¿Acaso eso lo tiene en cuenta para hablar que el poder político sigue incólume?
El poder, no el poder político democrático, es mantenido porque el estado tiene en sus manos los medios represivos, y un partido único, que a pesar de los fracasos y desviaciones, dispone y manda porque se siente aun, por obra y gracia ya ni hablemos del espíritu santo, como representante de toda una sociedad.
En lo único que coincidimos en este pensamiento es cuando Martínez Heredia asevera que “la estrategia y las acciones principales son dirigidas o controladas por ese poder”, pero obvió completar la idea al no manifestar, que cada día ese poder, en manos de  octogenarios disfrutando las mieles del poder, es más antidemocrático.
Otro lapsus es cuando el conferenciante afirma que la utilización de los recursos se rige por la política revolucionaria, y de hecho se suma con esa idea a los antidemocráticos en el poder. Un grupo selecto del partido decide en que, cuanto y donde se invierte, campos de golf incluidos, sin consultar en cinco décadas nada al respecto con su población.
Me asombra  Martínez Heredia cuando afirma que “desde las magnas reuniones del Partido y la Asamblea Nacional del Poder Popular hasta las de las bases y las instituciones locales –un ejercicio democrático sistemático que abarca a todo el país–, en todos esos ámbitos se examinan las directivas, las opiniones y los problemas”. ¿A qué tipo de democracia se refiere? A esa donde usted opina y una élite entonces decide qué hacer, incluso se  atribuye el derecho de no considerar aquellas opiniones que no le agradan. A una democracia donde los delegados  son mudos, o a reuniones donde los invitados son los que debaten.
Se atreve incluso a aseverar que hay una “posición firme de la máxima dirección del país en cuanto a mantener el rumbo socialista ante cualquier disyuntiva”. ¿De qué socialismo habla Martínez Heredia?, del soviético y el resto del ex campos socialista, del socialismo asiático, de seguro no del socialismo que socializa los medios de producción, la política y la democracia.
Aunque si mantiene mucha honestidad cuando reconoce “la capacidad y el poder que tiene esa máxima dirección sobre las decisiones políticas y económicas y sobre los recursos y su asignación”, eso sí es una gran verdad, pero eso, Martínez Heredia,  no es socialismo, y mucho menos democracia.
Y luego de tales afirmaciones lo insólito, porque según este reconocido intelectual “todavía son insuficientes las clarificaciones y los debates acerca de lo que es deseable, permisible o inevitable en cada momento discernible del proceso, y por consiguiente lo que se debe impedir, criticar o denunciar”. Estamos o no estamos.
A esto solo puedo añadirle que la Izquierda Socialista Democrática cubana está muy clarificada y sabemos lo que es deseable, permisible e inevitable y es por ello que tratamos de impedir el rumbo que se ha tomado y lo hemos criticado y denunciado desde que Fidel en el 2005  nos alertó que todo podía irse a bolina como la revolución del 33.
Asegura el aludido  y coincidimos con él que la gran insuficiencia del socialismo que ha existido a escala mundial es que no ha logrado todavía acumular fuerzas culturales suficientes a su favor, eficaces y atractivas en la lucha contra el capitalismo, y sobre todo para el combate por las transformaciones liberadoras de las personas, de las relaciones interpersonales y sociales, y nuevas relaciones con la naturaleza”.
Pero ¿por qué sucedió eso? Pues porque en ningún lugar se intento hacer el socialismo, por las razones justificadas o no que hayan incidido, es por ello que siempre hemos dicho mil veces, que lo que sí sabemos es cómo no se construye el socialismo y para peor, nadie lo está construyendo actualmente en el mundo. Por favor no miren hacia el  capitalismo asiático.
Martínez debe darse una vueltecita por los barrios marginales de este país e incluso no tan marginales, porque aquí la marginalidad la define el magro salario de los obreros, para entonces pensar si puede afirmar que “en Cuba funciona una extraordinaria pacificación de la existencia”; debe investigar además y comparar nuestros actuales niveles de salud pública y educación, que han sentido el embate del período especial, a pesar de los esfuerzos del estado por mantenerlos ante la falta de recursos.
¿Pacificación de la existencia? ¿Olvida los muertos por huelga de hambre? ¿Los tres jóvenes negros fusilados? ¿El hundimiento del remolcador 13 de marzo cargado de mujeres y niños? ¿Los mítines de repudio a quién solicita cambios pacíficamente, o reclama la liberación de sus esposos o hijos?
¿Para qué engañarnos? Estamos decreciendo poblacionalmente, somos un país de viejos que se quedan y una juventud que ve el paraíso en su frontera norte y que no está dispuesta a hacer los mismos sacrificios de sus padres, porque su experiencia de primera mano es que para nada sirvieron tales sacrificios si nuestra actual dirigencia está aplicando lo que criticó toda su vida, y porque ven las necesidades y miserias en la que viven sus padres.
Las conquistas, Martínez Heredia, están en el pasado, el niño que nació en el 1985 solo ha padecido la crisis que provocó nuestro “modelo” ante la desaparición del campo socialista. ¿Quién es el loco que puede pedirles un espíritu numantino en aras de un capitalismo agazapado?
Si la vejez hace claudicar a algunos, sobre todo esos que siempre se beneficiaron del poder, pues hay otros que siguen pensando que un futuro socialista en Cuba aun es posible, un socialismodemocrático, inclusivo y no excluyente, donde el trabajador sea realmente dueño y señor de su existencia.
Por eso coincidimos con Usted, y sin tener que hacer concesiones previas a nadie, en que “la materia misma del problema está pidiendo que se debatan a fondo los problemas centrales de la concepción revolucionaria socialista, no alrededor de cualquier sucedáneo fugaz o peligroso, sino en y para la revolución socialista, y tras sus objetivos más trascendentes
El salario es por excelencia el instrumento de explotación del capitalismo, y es una idea infeliz afirmar que el socialismo utiliza el salario y otras categorías provenientes del capitalismo, pero no se somete a ellas. Lo que hemos tenido hasta el día de hoy dice lo contrario, y a contrapelo de lo que usted dice, se ha usado sin ese control del poder popular revolucionario sobre la economía, y el asunto sigue para largo, ahora hasta con explotadores privados del trabajo ajeno.
Usted hace afirmaciones que eran válidas en los setenta del pasado siglo, donde si era efectivo afirmar que “los aprendizajes del mundo del trabajo y de la eficiencia en Cuba están tratando de articularse íntimamente con los de la educación de los niños y los jóvenes, con la formación moral de todos; por ejemplo, para qué trabajar, por qué debemos servir a los demás como nos sirven a nosotros, cómo la producción de bienes y servicios es un requisito indispensable para mantener y hacer avanzar la justicia social”.
Hoy, distinguido, lo que hay es una selva de asfalto cuando se sale a la calle, desesperanza, maestros pedigüeños, desempleados que llamamos disponibles, no sé si disponibles para la miseria; delincuencia, corrupción que no respeta niveles y donde todo tiene un precio, hasta nuestra ayuda solidaria. El modelo fracasó y a ese muerto de socialismo, dirigido por iluminados, la historia ya le pasó la cuenta en 1989.
Y esa frase de que en Cuba se juega el destino del continente acumula un chovinismo excesivo, porque de cada pueblo depende su historia, y los cubanos no somos imprescindibles para que otros logren su libertad, cuando ya, hoy por hoy, a nosotros mismos nos falta.
Y finalmente, otro de sus aciertos, sí, en efecto, en los hogares cubanos es cotidiana la referencia al familiar que está cumpliendo alguna misión de trabajo solidario en otro país de América Latina y el Caribe,  pero oculta usted que tienen muy en mente la posibilidad que tiene ese cubano de con su trabajo en el exterior poder darle a su familia lo que el abnegado obrero en Cuba no puede lograr.
Realmente nuestra intelectualidad de izquierda orgánica comienza a perder el camino, si es que no lo ha perdido hace rato.
Resulta sumamente significativo la ausencia en el artículo de Martínez Heredia de algo que todo analista de la situación cubana actual ha admitido y es la emergencia de una nueva izquierda que realmente está apostando por un nuevo modelo emancipador, y que contribuyó sustantivamente a la reformulación de los lineamientos y la conferencia.
Es lamentable el hombre que cambia la autoridad de la verdad por la que luchó anteriormente, por la verdad de unas autoridades que una vez lo represaliaron.
Me sorprende que para un filosofo marxista acreditado como Martínez Heredia el socialismo solo sea “la necesidad de confiar por sobre todo en nuestros principios, convicciones y fuerzas propias”, afirmación que puede acreditar cualquier filosofía, creo que hasta Hitler proclamaba tal slogan.
No solo el capitalismo ha llegado a un callejón sin salida, desde 1989 el socialismo conocido hasta ahora, también.

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