domingo, 22 de enero de 2012

En Cuba: crónica de una muerte anunciada


¿A qué apuesta la burocracia del PCC que ha puesto a Cuba en la ruta de la transición capitalista?
El grado de alienación del Estado de la Burocracia que ha construido el régimen político de partido-único, entrega en bandeja de plata la dignidad nacional del pueblo cubano a la reacción capitalista-burguesa mundial. Esa indignación ante tal entrega que hace el Gobierno “propio” no la pueden sentir en todo su calado los cubanos residentes, porque sencillamente se les censura el acceso a los medios de las transnacionales que sirven la información masiva.
Se necesita tener tanto claros convencimientos ideológicos como fuerte control sico-emocional de sí mismo, para observar con ecuanimidad el cinismo profesional con que los medios oficiales del imperio de la burguesía imperialista se lanzan sobre la Revolución cubana como en un espectáculo  de hienas hambrientas salido de Animal Planet. Un planeta animalizado por el capitalismo intenta limpiarse de sangre las fauces con la penosa muerte de un “pobre diablo cubano”, como en clave entendemos el dicho los cubanos.

He puntualizado: Revolución cubana, con la mayúscula que por historia le corresponde. Esa mayúscula que hoy hasta los poetas que le cantaban a la era por parir corazones, se la quitan para exigirevolución.  Con mayúscula, puesto que la revolución social habida ha sido un salto cultural del pueblo cubano que, como sociedad, se pone a incuestionable distancia por delante de las sociedades burguesas latinoamericanas empantanadas en la carrera por el lucro a costa de las personas.
Pero la puntualización hecha es la justa medida de la ignominia política.  Porque ello despierta la conciencia de que la Revolución está siendo traicionada. El presente contínuo de la forma verbal indica un proceso en movimiento, no un hecho estático. He fundamentado este fenómeno en disímiles análisis publicados, sin que una sola voz, vuelvo a repetir, sin que una sola voz de todo el establishment político-intelectual orgánico al régimen de la burocracia haya podido esgrimir una sola palabra creíble para cuestionar las razones aducidas. No lo pueden hacer desde el oficialismo ante el debate que plantean los socialistas revolucionarios cubanos, residentes y no residentes, porque no hay decoro ni inteligencia política para hacerlo.  La realidad no puede ser hechizada con la oficiosa varita mágica con que, a fuer de látigo, desde el autoritarismo partido-estatista se golpea las cabezas de la sociedad cubana para mantenerlas agachadas bajo el dictad del pensamiento único.
He puntualizado: la muerte de “un pobre diablo cubano”, puesto que intentar componer una imagen cívica maltrecha por el rompimiento de la buena convivencia ciudadana, mediante la apropiación extrema de un credo político, expresa pobreza   tanto educacional como política. Tales circunstancias llegan a hacer de los individuos objetos de aviesa manipulación política de inescrupolosos congéneres. Sean cubanos, o esos tantos otros a los que estamos acostumbrados ver en otros países vender sus almas al diablo por el susodicho plato de lentejas.  
Pero venden sus almas al diablo los pobres de espíritu que al servicio de la burocracia política mal apoderada de los destinos de la nación hacen el juego sucio contra la democracia en Cuba. No intuyan los ingenuos por ignorancia o de oficio que se trata de un juego sucio políticamente acéptico, es la guerra planteada contra el socialismo en Cuba que desde el Partido-Estado se le ha declarado al pueblo cubano.  
Los medios de información y comunicación del Estado cubano, regidos en su monopolio por la falta del decoro al que convoca el periodismo martiano, han sabido y han visto venir - durante 50 días - una “muerte política” más, sin que siquiera el instinto de conservación del poder que disfrutan los instara al ejercicio de transparencia, el profesionalismo y la eticidad que se merece el pueblo cubano con la información. Que se merece todo pueblo que para ser libre haya de leer.  
En las repúblicas burguesas de los estados capitalistas un hecho como el de la manifestación política extrema contra un sistema político, infundada o no, tendría la cobertura amarilla y la cobertura política que las circunstancias y los intereses apoderados exigieren.  Tendría hoy además, el ojo “intruso” de la gente apoderada cada vez mas de los medios alternativos de información. Hemos visto a la TVE poner en una misma parrilla de tertulianos de oficio del sistema - una tv con la mayor de las audiencias entre las televisoras todas espanolas -  la supuesta muerte por huelga de hambre del supuesto disidente político cubano Wilmar Vilar Mendoza, y acto seguido, la noticia sobre la auto inmolación a lo bonso de cuatro activistas marroquíes asediados en su protesta pacífica por la polícía del régimen marroquí. En el primer caso los panelistas oficiosos atacan sin fundamentaciones de trabajo periodístico alguno ni vergüenza política “al régimen dictatorial cubano por sus continuados ataques contra los disidentes y la democracia”. En el segundo caso, con las dramáticas imágenes de fondo de las cuatro personas ardiendo, hablan de “la democracia imperfecta” que necesita seguirse abriendo paso en Marruecos. No se ha quedado atrás el valuarte de la OTAN en Europa del Este, con el 30% de sus niños en la desnutrición, Polonia, desde donde sus televisoras y cabezas parlantes en coro “repudian la dictadura comunista de los Castro”, sin molestarse con la ética periodística e ir al fondo de la noticia que rebotan esos mismos poderes financieros que han adquirido en propiedad más del 80% de todos los medios “polacos”. 
Desde Marruecos, prensa acreditada y ciudadanos han dado cuenta del cruento hecho. Las imágenes que denuncian en toda su crudeza el carácter político de una monarquía cavernaria a la que el Reino de España y Occidente le hacen la venia, valen más que las palabras. De hecho las imágenes sensibles de las antorchas humanas corriendo en desespero y gritos, así como los desmanes anteriores de la policía han sido registrados por teléfonos celulares y puestas inmediatamente en internet, le han dado la vuelta al mundo y, por fuerza, rebotado en los medios de las transnacionales por aquello del morbo que vende y la apariencia de democracia que legitima.
Desde Cuba, sin embargo, no ha habido periodismo revolucionario, cívico y democrático, que siguiera y sometiera al escrutinio de la opinión pública cubana y mundial lo que era “una muerte política anunciada”. Un periodismo que como poder del pueblo ejerciera control social sobre el comportamiento del Partido y el Estado ante el problema. La servidumbre de los periodistas cubanos y de los medios al régimen de la burocracia política del Estado, ha facilitado que esa burocracia que domina el PCC gobernante se salga con las suyas. Mantener a la sociedad cubana bajo el asedio del “enemigo externo”, para proseguir con la política de hechos consumados del reformismo socio-liberal con que ahora conculcan la soberanía del pueblo y la emancipación socioeconómica, es la orden del día. Pero la Asociación de Periodistas de Cuba en conturbernio con el Estado de la Burocracia sigue inmutable asignando premios a sus “periodistas” por su labor de información y su ejemplar defensa y divulgación de una Revolución que, tampoco osan cuestionarse, viene siendo traicionada.
¿A quién, si no, le sirve la ausencia de transparencia de los medios del Estado ante lo que de hecho es el acontecer de una guerra ideológica conocida y avisada?   ¿Se tendrá la cobardía y el cinismo político de negar que ello le sirve precisamente a los enemigos del socialismo en Cuba?
El órgano oficial del PCC gobernante, Granma, publica una escueta nota “informativa” ex-post sobre la muerte anunciada del ciudadano cubano supuestamente en huelga de hambre por un supuesto encarcelamiento de naturaleza política. La nota desmiente la noticia de la campaña mediática contra Cuba, como reconociendo que de no ser por esa campaña nada que informar al pueblo y al mundo habría. La descomposición ética del vehículo ideológico de los “comunistas” es tal que no puede siquiera evitar las vegonzosas contradicciones de la propia información que da y el arrojo políciaco de lo que habría de ser un medio de prensa del pueblo. “Al respecto - cito al órgano ideológico del PCC -  se disponen de abundantes pruebas y testimonios que demuestran que no era un “disidente” ni estaba en huelga de hambre”. La profesión de informar en tiempo y forma, con apego a la verdad y a la ética, se sustituye por el chantaje político. “Nosotros tenemos pruebas”... ¿pruebas de qué?, ¡si no de la censura y la falta de respeto al pueblo!. ¿Hasta cuándo la sociedad será gobernada por la polícia política en que de hecho se han convertido los llamados órganos de seguridad interna del estado?
¿Quién duda que bajo la democracia de la comunicación, afincada en la independencia y los principios políticos de un periodismo socialista, se hubiera podido dar un seguimiento a dicho acontecimiento como el decoro martiano manda, tal que la opinión pública, el pueblo, hubiese podido seguir paso a paso, al corriente, la situación surgida, mediante entrevistas directas que los medios podrían haber hecho al mismo encartado, dándole la oportunidad de demostrar de cara al público la honestidad de su posición o toda la falsedad de su impostura? Pero, además, dándole la voz y sometiendo a investigación periodística crítica a familiares, a sus círculos de seguidores,  a testigos oculares de los hechos, a oposicionistas mercenarios y a los convencidos, a policías, a médicos, a sociólogos, politólogos, a gente de a pie, mediante programas especiales poniendo en transparencia informativa desde la honestidad politica el problema? ¿No quedaría así desnudo el supuesto rey?
Y, aún más importante por tratarse de la vida humana, ¿no se estaría de esa manera impidiendo reducir el tratamiento político al supuesto suicida a ese tratamiento médico que no le salvaría la vida? ¿Es tan alta la determinación contrarrevolucionaria de la burocracia política que no asimila la experiencia del eterno suicida Fariñas, a quien se le salva la vida con tratamiento médico, y la del caso del fulminante suicida Zapata, a quien salvarle la vida con tratamientos médicos no era posible, porque en el fondo el problema en uno y otro caso es verdaderamente político? Sencillamente porque político es tanto el problema de un preso de conciencia como el de aquel que no siéndolo aduce serlo.
¿A qué viene ahora de blogueros cubanos oficiosos supuestamente revolucionarios - «de cuyos nombres no quiero acordarme» - agitar copias de certificados médicos, hurgar en los baúles del secretismo oficial y llamar al fenecido “el delincuente fulano”? ¿Cómo es posible que ante un pueblo muy lejos del analfabetismo educacional y político como el cubano tengan voz privilegiada por el Estado voceros de ese tipo, incapaces de distinguir entre sistema democrático de comunicación y régimen anti democrático de información?
¿Qué impedía poner el periodismo televisivo en función de ir al fondo del “nuevo” problema, en tiempo real en el justo sentido periodístico,  acerca de un “nuevo disidente en huelga de hambre”, de cara al pueblo, al mundo?  ¿No se pondría de esa forma a “comer de la mano” de la prensa revolucionaria a todo ese gran negocio transnacional de la información capitalista? ¿Pero es la prensa propiedad del pueblo cubano? Si lo fuera, ¿porqué razón entonces no consta la noticia radiada, escrita y televisada en su debido momento sobre la manifestación callejera antifidelista y de esos arrestos realizados por desobediencia y desacato a la ley que la autoridad representa, a los que hoy en su defensa a destiempo alude el Partido-Estado?
¿Pudiese creérsele a los burócratas de las estructuras de mando del PCC el argumento que todo eso sería periodismo amarillo propio de las sociedades burguesas? Nadie en su sano juicio político en el pueblo cubano alberga duda alguna que el pánico de la Gran Burocracia – denunciada abstractamente por Raúl Castro – está en que se destape una “caja de pandora”, cuyos afectados sería únicamente toda la claque de la Gran Burocracia que permea todas las estructuras de poder. El pueblo sencillo y llano como la inmensa mayoría del pueblo cubano no tiene nada que perder, como no sea la coyunda del Estado de la Burocracia.    
Si desde el Buró Político del PCC existe vergüenza política, aquella que le reclamaba Eduardo Chibás en 1951 a los gobernantes corruptos de turno en la república burguesa, déjese correr libre y públicamente en Cuba la pregunta: ¿a quién realmente le sigue conviniendo que no se imponga la democracia socialista en Cuba?
Esa democracia que, aperjada del poder socioeconómico de las mayorías del pueblo, no tendría miedo en darle voz pública a aquellos que gritan en las vías públicas “abajo Fidel”, como en la manifestación callejera en que se involucrara en la ciudad de Contramaestre (nov. 2011) el otro cubano que hoy engrosa el panteón de “los mártires” tan friamente calculado por la extrema derecha “cubano”-americana auto exiliada en Miami. ¿Quiénes desde el poder en Cuba le siguen haciendo el juego a los enemigos de Cuba bajo el fraseo demagógico de que Cuba “sabrá desmontar esta nueva agresión con la verdad y la firmeza que caracteriza a nuestro pueblo”, como sin pudor ético publica en su nota el diario Granma? Esa es la pregunta que llega a hacerse mucha gente de pueblo.
¿A qué apuesta la burocracia del PCC que ha puesto a Cuba en la ruta de la transición capitalista?
¿Acaso a que mañana una manifestación similar crecida en cantidad de participantes “obligue” a la descarnada represión policial, o al zafarrancho callejero entre “contrarrevolucionarios y revolucionarios”? ¿Qué cálculos en la opacidad antidemocrática de supuesta “gran política” hace el PCC? ¿En nombre de qué habría el pueblo de enredarse en una contienda fratricida?
¿En nombre de los que adentro y afuera – camaleones revolucionarios o camajanes contrarrevolucionarios - quieren un remake de Libia? ¿Acaso en nombre de un poder que tras cincuenta años de voluntarismos económicos fabrica más de un millón de cesantes fácticos mientras se relamía en la propaganda del éxito – “combata Comandante que la retaguardia está segura”, expresaba el hoy Jefe de Estado cuando entonces el Líder de la Revolución en plenitud de facultades luchaba  por la soberanía de Cuba y de todo el universo en los escenearios internacionales? ¿O en nombre de un Partido que, alzado en fuerza política dominante - en ningún caso conductora, como denuncia Gramsci en sus cuadernos desde la cárcel -, mantiene el sistema económico – justo esa retaguardia que de tan segura lleva a los cubanos al borde del precipio, según no tiene más que reconocer el otrora defensor de la retaguardia - en la precariedad funcional más irracional que sociedad alguna haya conocido, cuyo efecto directo es la insostenibilidad alimentaria del pueblo y la insostenibilidad económica de los sistema sociales de salud y educación logrados? ¿En nombre de un Partido y un Gobierno que ahora para reparar los daños de cincuenta años de desgobierno absoluto, empujan al pueblo como un rebaño de ovejas hacia el matadero de la estructuración capitalista que ya se celebra abiertamente o entre bambalinas desde los centros de poder económico y financiero capitalista?
El acriticismo de los revolucionarios sobre la deriva política de la Revolución cercena tanto la revolución social habida como el camino del socialismo por haber. Si la Revolución puede ser destruida solamente por los cubanos - según denuncia su propio Líder - es porque  el enemigo del pueblo tiene las riendas del poder. El pueblo sencillo, trabajador, altamente sacrificado y soñador no puede estar contra su propia revolución popular. El poder ha de ser transferido a ese pueblo. Democracia o capitalismo, ese es el valor trascendental de la lucha por la transición socialista que se le escamotea al pueblo cubano desde el mismo PCC.
RCA

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