miércoles, 18 de enero de 2012

Democracia fetichizada


Escrito por Pdpr-Epr

"En México se hace más que evidente que esta divinidad política, la democracia fetichizada, perdió su velo y se está mostrando tal cual es en su esencia, instrumento político para la explotación. La situación real del pueblo así lo demuestra, pobreza y miseria, desempleo, militarización, represión, políticas económicas de hambre, la juventud sin oportunidades reales de desarrollo"



En el lenguaje político de la actualidad es tan común escuchar y hablar sobre la democracia, como forma de gobierno
incuestionable, como lo es el actuar bajo este mismo precepto político, práctica que se ha vuelto tan común a los intereses de los defensores de esta doctrina que se ha llevado al lenguaje sencillo y llano, a tal punto de mencionarse hasta el hastió las bondades de la democracia. Cualquier acto político que no se encuentre bajo los preceptos de la doctrina de la democracia, como la entienden sus fervientes defensores de oficio, está condenado
a priori y de facto al juicio inquisitorio de las sacras instituciones de esta doctrina; es una cuestión de mera opinión común, algo, casi, contra natura a la razón común, cuestionar siquiera seriamente a la actual democracia y sus
mecanismos de funcionamiento es atentar contra la vida pública.


Tal es el grado que ha alcanzado la propaganda de la ideología liberal, que adoptó la burguesía en su ascenso al poder político en Europa, que ahora se le considera como forma política a nivel mundial que ha alcanzado legitimidad por sí misma, en comparación con otras formas de gobierno existentes y posibles; de esta forma su justificación y existencia como única alternativa viable para los pueblos del mundo la adquiere por sí sola, a manera de ente político. La hegemonía de la ideología de la burguesía liberal tiene su fundamento histórico en las revoluciones
democrático burguesas que se dieron en Europa en los siglos XVII-XVIII y XIX, producto de la revolución industrial, que posteriormente se extendió a otras partes del mundo bajo los diferentes procesos sociales acorde a las
particularidades de cada país hasta llegar a la situación actual.

La aparición y desarrollo, de forma definida y consolidada de esta doctrina es consecuencia lógica del propio desarrollo socioeconómico, producto del proceso histórico en el que, dado el desarrollo de las fuerzas productivas de la época, se comienza a desarrollar el capitalismo como modo de producción que desplazará a las viejas fuerzas feudales que se encontraban en crisis. Las nuevas fuerzas sociales progresistas y revolucionarias necesitaban de un fundamento ideológico político que legitimara y justificara su acción; y fue la naciente burguesía quien capitalizó
esta necesidad para erigirse como nueva clase social dominante.

La actual democracia, como ideología política de la burguesía, tiende sus reales en esta época y contexto histórico de pensamiento liberal, donde toma y configura como elementos fundamentales de su doctrina la teoría de los derechos humanos – conocidos hoy como de primera generación-, el constitucionalismo y la economía política de Adam Smith, sistematizada después por David Ricardo. Esta teoría liberal funge como instrumento ideológico que se opone a la vieja
sociedad feudal de gobierno absolutista que se representaba en las distintas monarquías, la teoría de la división de poderes del Estado fue la vanguardia política que desplazó, tras derrocar por las armas al viejo sistema, al pensamiento político de la monarquía; el gobierno constitucional es el principio político del cual nacen las llamadas
repúblicas modernas, administradoras de los intereses económicos de la burguesía consolidada en el poder como clase social. Así la ideología liberal burguesa se convirtió en política de Estado oficial dentro del capitalismo a nivel mundial. La división de poderes del Estado fue la máxima expresión política de esta ideología, la democracia liberal fue la forma de gobierno más “avanzada” que garantizó la continuidad de esta doctrina en la práctica, con todos sus mecanismos conocidos. Tales avances y logros no fue algo casual y voluntarioso, característica intrínseca de
la burguesía como clase social; sino que fue el resultado de las exigencias y lucha del propio pueblo, de las masas que bajo las condiciones de vida material propias de la época se lanzaron a las armas, fue de éstas que corrió la sangre al combatir contra los ejércitos reales, fue por la presión de las masas que se arrancaron ciertas
prebendas políticas en la democracia liberal que hoy se presentan como las máximas aspiraciones logradas en su cabalidad.

Fue la propia situación de crisis estructural del feudalismo la que puso las condiciones objetivas que dieron origen al nuevo orden social, basado en la ideología burguesa de la democracia liberal, los gobiernos constitucionalistas se convirtieron en la verdad política infalible, y pronto se extendió por todos los países del mundo a los que llegaba el
capitalismo. En México el proceso se dio bajo el contexto de independencia y la posterior lucha entre liberales y conservadores, proceso que culmina con la guerra de reforma y el triunfo de los liberales representado en la constitución liberal de 1857, que no fue otra cosa que sentar las bases para que se pudiera dar el desarrollo de una
burguesía naciente en el país, despojándose de aquella traba que significaba la intervención de la iglesia en el Estado. La ideología burguesa liberal extendía su dominio a la nueva república, trayendo con esto aparejado una nueva etapa de explotación y opresión disfrazada de libertad.

La democracia liberal como ideología de clase, con todas sus implicaciones de doctrina acabada, adquiere consolidación con el proceso de la revolución mexicana en 1910 y comienza su auge como sistema político del capitalismo en México durante todo un siglo, volviéndose cada vez más clara en su verdadera esencia como sistema
político de opresión e injusticia, corrupción, demagogia, etc., hasta llegar a la actual situación política de burla y cinismo.

Este ha sido el desarrollo histórico de la democracia en el capitalismo, forma política de la burguesía en el poder a nivel mundial, como dominio político de las oligarquías de los diferentes países del mundo, y como argumento legitimador de agresión, en la actualidad, contra otros países que han formado su propia forma de gobierno de manera autónoma. En estos siglos que lleva de vida el capitalismo a nivel mundial con su modelo de gobierno, la democracia representativa ha sido elevada a verdad política absoluta por sus ideólogos, convirtiendo a la democracia burguesa
en un fetichismo incuestionable en su legitimidad y realidad, dejando claro cuál es el verdadero funcionamiento del sistema político inspirado en la teoría burguesa de la democracia liberal, garantizar institucionalmente –legalmente- el dominio de la burguesía sobre el pueblo, de forma tal que los mecanismos sean casi imperceptibles.

Es casi ley tácita, desde la posición oficial, el seguimiento mecánico del modelo político impuesto al pueblo, se debe seguir alimentando políticamente y aceptando calladamente su dominio, se nace, se vive y se muere en y para la
democracia institucional que el Estado administra, ésta es la lógica. Toda la legitimidad posible que puede existir emana de un ente jurídico que, desde luego, también pertenece al Estado. A esto reducen la legitimidad de un Estado, de un gobierno, bajo la democracia burguesa: a una simple legalidad, a simples formalidades de derecho y tecnicismos
jurídicos, haciéndose así evidente desde su propia lógica la gran contradicción que existe en esta estructura, la justicia y la legalidad no representan una igualdad, lo legal no es justicia y la justicia no está dentro de lo legal.

La democracia burguesa tuvo durante mucho tiempo su legitimidad en el sistema de elección, como paradigma político, imponiendo así sus propias reglas del juego; pero al igual que el viejo sistema feudal que fue desplazado por la burguesía con su sistema político absolutista, forma política que expresaba ya una profunda crisis estructural
del feudalismo, comienza ya a manifestar lo caduco y absurdo del sistema político de la burguesía en un avanzado estado de putrefacción, expresado en lo absurdo y grotesco que se ha vuelto su funcionamiento; la poca credibilidad de
un cambio real de la sociedad formada dentro de esta misma lógica electoral muestran signos cada vez más acelerados de la crisis y decadencia política del capitalismo. Los nexos directos que hay entre la política y los intereses económicos de los grandes empresarios que conforman la oligarquía nacional se hacen cada vez más evidentes y descarados. Las propias reglas del juego “democrático” burgués han sido rebasadas y evidenciadas en su verdadero carácter, dejando de manifiesto que es una farsa donde inevitablemente el poder estará en manos de un puñado de
oligarcas, con sus lacayos a cargo.

La crisis estructural del capitalismo se expresa ya en la crisis de su sistema político, la democracia burguesa ya no es capaz de seguir sus propias reglas, el fraude electoral y la manipulación grotesca son cada vez más los instrumentos de la democracia a nivel mundial. En México se hace más que evidente que esta divinidad política, la
democracia fetichizada, perdió su velo y se está mostrando tal cual es en su esencia, instrumento político para la explotación. La situación real del pueblo así lo demuestra, pobreza y miseria, desempleo, militarización, represión, políticas económicas de hambre, la juventud sin oportunidades reales de desarrollo en todos los aspectos, etc., etc. Toda una serie de fenómenos sociales que sólo demuestran la pérdida de vigencia del sistema político burgués y resquebrajamiento estructural como modo de producción capitalista a nivel mundial.

La idea de democracia burguesa que se ha vendido al pueblo, que se ha dado a beber como panacea de todo problema político-social, es la idea de una entidad superior a todo sujeto social, donde el individuo prácticamente es incapaz de intervenir para transformar su realidad, solo hay que seguir el curso natural que ha venido teniendo y que seguirá en curso a través de las instituciones, al pueblo sólo le queda obedecer las decisiones de los representantes de estas instituciones. A este nivel de sacralización se ha elevado a la democracia, a un fetichismo irracional: el culto
político de la democracia.

Frente a esta condición económica y situación política sólo se vislumbra algo cierto, la caída del capitalismo como modo de producción vigente y la total crisis de su sistema político, la democracia liberal. Los tiempos de cambios radicales a nivel mundial están presentes con las condiciones objetivas ya dadas, el capitalismo tardó alrededor
de dos a tres siglos para consolidarse en el poder a nivel mundial, pero su desarrollo como proceso social fue demasiado acelerado por su propia naturaleza y su caída será estrepitosa y también acelerada. Esta es la necesidad socioeconómica y política a la que se están enfrentando los pueblos del mundo, y la propia necesidad que tenemos
como pueblo en México, necesidad que debe ser resuelta imperativamente.

Como clase social dominante la burguesía tiene como necesidad revitalizar su sistema político ideológico para mantener la explotación y opresión, a manera de dilación histórica, sólo para reafirmar la vigencia de su caída; y el proletariado junto a las demás clases explotadas tiene la necesidad político-ideológica de formarse como
sujeto revolucionario para ir rompiendo con el fetiche de la democracia burguesa y crear las condiciones subjetivas de la revolución socialista, necesidad histórica para los explotados y oprimidos del mundo.


El insurgente Año 15 Nº 137 enero de 2012

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