jueves, 3 de noviembre de 2011

De como Nicolas Sarkozy entró en el Palacio del Elíseo como un agente de Estados Unidos e Israel


LISANDRO BONILLA – De Nicolás Sarkozy, el hábil y mutante presidente francés capaz de poner en el escenario público su vida privada, habla el artículo “Operación Sarkozy: cómo la CIA puso uno de sus agentes en la presidencia de la República Francesa” de Thierry Meyssan (Rebelión).
Pero dice más: argumenta que no es un hombre libre, sino que en un proceso simbiótico de corte ideológico, este hombre que prometió redimensionar a Francia después de los largos períodos gubernamentales de Francois Miterrand y Jacques Chirac, entró en el Palacio del Elíseo como un agente de Estados Unidos e Israel.
Hechos y personajes de diversas significaciones, capos mafiosos inclusive, desfilan para explicar el contexto histórico a partir del cual los acontecimientos abrirán el camino para que la CIA ponga a un hombre suyo en la presidencia de Francia.
Nicolás Sarkozy, nacido en 1955, fue fabricado. En 1977 su madrastra contrae matrimonio con Frank Wisner Jr., del que se sabe era integrante de la CIA, y el joven Nicolás participó en programas de formación que organiza el Departamento de Estado Norteamericano.
Durante este mismo período, Nicolás Sarkozy se unió al partido gaullista; en 1983 resultó electo alcalde de  Neuilly-sur-Seine  y en 1993 es ministro del Presupuesto y portavoz del gobierno. En 1996 contrajo matrimonio en segundas nupcias. Los testigos de la boda fueron los millonarios Martín Bouygues y Bernard Arnaud, el hombre más rico de Francia. Muy discretamente cultivaba sus relaciones con los círculos financieros.
Antes de la crisis iraquí, Frank Wisner Jr. y sus colegas de la CIA planificaron la destrucción de la corriente gaullista; la obstrucción del principal rival de derecha y la eliminación de los candidatos de izquierda para garantizar la elección de Nicolás Sarkozy a la presidencia de la República Francesa.
La operación se realizó utilizando la prensa. Revelaciones sobre actos de corrupción llegaron a la prensa a través de un funcionario del Partido Socialista, Dominique Strauss-Kahn, quien las obtuvo de un promotor inmobiliario en circunstancias no aclaradas. Alain Juppé, a la sazón primer ministro, fue la cabeza de turco y su marginación liberó el camino para que Nicolás Sarkozy lograra ponerse a la cabeza del partido gaullista. Jacques Chirac, entonces, reintegró a Sarkozy al gobierno con el cargo de Ministro del Interior.
Desde esa posición Sarkozy controlaba a los prefectos y utilizaba a la policía política para penetrar las principales instituciones administrativas.
Falsos listados que acusaban a varias personalidades de tener cuentas en el exterior, salidos de las oficinas comunes de la CIA y el MI6, Hakluyt & Co., y con la participación de John Negroponte y Frank Wisner Jr., generaron un escándalo que separó de la vida política al primer ministro Dominique de Villepin. El ala derecha quedó libre para Sarkozy.
El supuesto peligro de los socialistas, en la figura de su candidato Laurent Fabius, quedó anulado con la colaboración de Dominique Strauss-Kahn en las elecciones primarias y el voto de los miembros del Partido Trotskista infiltrados en el Partido Socialista. Dominique Strauss-Kahn impartía clases en la universidad estadounidense de Stanford, donde fue contratado nada más y nada menos que por Condoleezza Rice.
Una vez electo presidente, Nicolás Sarkozy nombra como parte de su equipo de trabajo y gobierno a personajes que van desde un propietario de casinos, hasta un socio gerente del banco Rothschild, un consejero diplomático afín al presidente George Bush, al ex número 2 de la National Security Agency estadounidense en Europa y a Christine Lagarde, colaboradora de Zbigniew Brzezinski, como ministro de Economía y Finanzas.
¿Cuándo abrirán los ojos los franceses para ver lo que tienen que hacer?

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