lunes, 31 de octubre de 2011

VIOLENCIA ASESINA O INDIGNACION ACTIVA


Darío Botero Pérez
20111029



Tendrán que surgir ejércitos populares de características internacionales, como única alternativa de sobrevivencia ante el horrible desastre represivo que imponen los capitalistas  sionistas y sus socios, convertidos o, con pretensiones de convertirse en dictadura mundial” 
Javier del Valle Monagas Maita


El peso de la Historia
Pese a los postulados del dios de los ateos por excelencia en el capitalismo, Carlos Marx, que sus fieles reputan de infalibles y no se atreven a cuestionar de ninguna manera, so pena de ser tachados de contra revolucionarios por los intelectuales que se consideran superiores a las multitudes ignorantes,  presuntamente aquejadas de una alienación incurable o insuperable (a pesar de que los hechos lo nieguen cuando la dignidad las ilumina); considero que el error de la población mundial sería dar su lucha libertaria acudiendo a la tradicional partera de la Historia, pues la violencia es la especialidad de los criminales que han dominado en ella, pero que tendrá que desaparecer en la sociedad que la remplace, desde sus inicios, para ser consecuentes.

Los enemigos comunes disponen de capacidad asesina suficiente para extinguir varias veces a las especies vivas más evolucionadas, de modo que pretender enfrentarlos con un ejército improvisado, por numeroso y bien armado que sea, sería darles pábulo para diezmarnos sin piedad, asesinando al 95% de la Humanidad -como lo han dejado expreso en las Guidestones de Georgia (USA) y lo han postulado miembros promiscuos del Club Bilderberg, como Ted Turner y Bill Gates-, eliminando cualquier esperanza de redención para los eventuales sobrevivientes y fortaleciendo al complejo industrial militar usano, dominado por el sionismo.

No es cuestión de osadía suicida sino de acciones racionales, realmente democráticas, concertadas en el Ágora Virtual Mundial que es Internet, y bien organizadas multitudinariamente cuando sea necesario ser contundentes; pero ajenas a la violencia que autorizaría a las bestias despiadadas  -que ostentan las jerarquías en todos los países- para cometer las matanzas multitudinarias que les permitirían perpetuarse sin oposición en el ejercicio del poder, como lo pretenden hacer el asqueroso médico Bashar al Assad en Siria, y sus émulos en Bahrein y Yemen y, prácticamente, en todos los países, incluyendo los ostentosa y fementidamente “revolucionarios”.

De ninguna manera es una decisión exclusiva de los auténticos “proletarios” o “revolucionarios orgánicos”, aptos para cambiar el mundo que los demás ni entenderíamos porque no hemos hecho profesión de fe materialista atea.  O, simplemente, porque nuestros cerebros no son aptos para las lucubraciones sutiles de los intelectuales que todo lo saben, aunque no sea sino porque  han memorizado los libros sagrados de la genuina doctrina revolucionaria definida por Marx y sus insignes seguidores, como Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, el nieto de Kim il Sung o hasta Gadafi.

Como que olvidan que el Marx más interesante no fue un profeta sino un científico cuyo mayor aporte a las generaciones posteriores -para entender y transformar el mundo- es su método materialista y no los análisis concretos que hubo de hacer para explicar la realidad de su tiempo, tan diferente a la actual, pero que los revolucionarios profesionales insisten en que es la misma para no ser acusados de herejía, con la consecuente privación de las mieles del poder acumulado por el caudillo redentor, patriarcal e infalible, generalmente el secretario general del partido dueño de la revolución.

Revolución auténtica
En vez de acudir a los crímenes propios del ejercicio de la violencia, que a todos los envilece, debemos responder con la contundencia de la desobediencia civil; de los brazos caídos; del rechazo a la banca privada y a la depredación de la biosfera; de la huelga mundial indefinida; de la denuncia cruda, constante y contundente de los planes de los genocidas, y del repudio radical a su inmunda e irracional escuela económica, el arrasador y criminal Neoliberalismo con su despreciable y letal consumismo.

Cualquier respuesta armada de la población contra los déspotas de cualquier naturaleza, los autorizaría para fumigar a las multitudes, como lo han hecho siempre con las masas que se dejan provocar.  En cambio, la lucha civil incruenta los deja sin manera de responder. 

En vez de justificar sus agresiones contra las multitudes como actos de defensa que, a título de proteger la autoridad “legítima”, les permitirían a los criminales de guantes y chistera, sotanas, hábitos, parumas, jipijapas o charreteras, continuar con sus gobiernos plutocráticos contra las mayorías; lo que corresponde es reintegrar a las fuerzas del pueblo a los elementos que lo traicionan y lo reprimen por dinero, aunque son miembros suyos capaces de reflexionar, como lo hicieron los 17 aviadores libios que, al inicio del conflicto, prefirieron suicidarse en vez de ametrallar y bombardear a sus compatriotas para perpetuar al tirano extravagante.

Caer en enfrentamientos armados les permitiría a los potentados caducos, de todas las ideologías, asesinar a quienes los combaten.  En consecuencia, sus planes de diezmar la población se verían fortalecidos mientras eliminarían fácilmente a los individuos dignos y lúcidos, capaces de establecer las bases civilizadas para una sociedad plana, en la que quepamos todos y en cuya definición y dirección pueda participar todo el que lo desee, aunque sea enemigo de clase de los líderes inconsecuentes, arrogantes, ambiciosos y mesiánicos.

Lo que les corresponde a las multitudes pacíficas y capaces de vivir en armonía con los demás pueblos -sin discriminarlos por sus creencias, su aspecto o su cultura, desde que no violen los derechos humanos-, es fortalecer y ampliar la Sociedad Democrática Global que está surgiendo espontáneamente por el mundo entero, sin sujetarse a caudillos ni a ninguna organización impostora que se proclame interprete fiel de las ansias humanas por libertad, igualdad y fraternidad. 

O sea, el advenimiento de la sociedad que superará la abominable Historia que fenece aceleradamente, se alcanzará sin imposturas ni impostores que se consideren autorizados para matar y para destruir la biosfera, como lo hacen las lacras decrépitas que estamos inhumando y que, si no les damos ocasión de usar sus armas de destrucción masiva, no tendrán más remedio que aceptar su decadencia definitiva y acomodarse en sus tumbas, solitos, pues su fin es inminente si no encuentran suficientes elementos traidores de origen popular que se les vendan para protegerlos contra sus hermanos dignos.

O sea, la cuestión es totalmente humana, y nos compete a todos y cada uno de quienes repudiamos a los potentados, sin ninguna discriminación por parte de los “dueños de la verdad” que a todos nos agobian y amedrentan a fin de suplantarnos.

Para la vigencia de la auténtica democracia que nos permita superar la Historia para ingresar a una sociedad armoniosa -basada en la justicia, la equidad y la abundancia-, es necesario repudiar las guerras tanto como las farsas electorales propias de la falsa democracia “representativa”.

Es algo que a cada uno le toca decidir consultando su conciencia y sus propios intereses. Además, ¡es urgente!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde el 8 de Junio del 2011

Archivo del blog