sábado, 15 de octubre de 2011

Trotsky, fuerzas productivas y ciencia

sobre el colapso final del capitalismo pone en primer plano el debate, central para el movimiento trotskista, sobre si hubo desarrollo de las fuerzas productivas desde 1914. Como he señalado en la nota anterior, Trotsky pensaba que si las fuerzas productivas a nivel mundial se hubieran desarrollado después de finalizada la Primera Guerra mundial, la toma del poder por parte de la clase obrera y el partido bolchevique en Rusia hubiera sido una grave equivocación histórica. De la misma manera consideraba que la base del Programa de Transición (programa de fundación de la Cuarta Internacional) era que las fuerzas productivas ya no podían desarrollarse. Si el capitalismo pudiera desarrollar las fuerzas productivas, pensaba, la clase obrera no podía plantearse la toma del poder. El estancamiento de las fuerzas productivas, en su visión, constituía la premisa económica de la revolución:
“La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer” (Programa de Transición).
Esto plantea entonces dos cuestiones esenciales. La primera es cómo se mide el desarrollo de las fuerzas productivas. En segundo término, es necesario dar alguna razón teórica para explicar por qué las fuerzas productivas, a partir de cierta fecha (aproximada) ya no pueden crecer. Precisemos esta segunda cuestión. No basta constatar que las fuerzas productivas están estancadas, por ejemplo desde hace cinco años, sino que hay que demostrar también que ya no pueden salir de esa situación, a menos que se cambie el régimen social. Si pudieran volver a desarrollarse, no hay manera de sostener que el capitalismo “se agotó”, siempre según esta visión. Veamos entonces cómo Trotsky resuelve ambas cuestiones, y cómo lo hizo el movimiento trotskista.

El criterio para medir el desarrollo de las fuerzas productivas
El criterio de Trostky para medir el desarrollo de las fuerzas productivas era el mismo que, en líneas generales, tenían todos los marxistas de principios de siglo XX, y consistía en tomar como parámetro la producción, y en especial la inversión en construcciones, equipos y herramientas. Por ejemplo, en uno de sus últimos escritos, sostiene:
“El progreso humano se ha detenido en un callejón sin salida. A pesar de los últimos triunfos del pensamiento técnico, las fuerzas productivas naturales ya no aumentan. El síntoma más claro de la decadencia es el estancamiento mundial de la industria de la construcción…” (Trotsky, 1984, p. 32; énfasis agregado).
Trotsky no brinda datos para demostrar que a nivel mundial la industria de la construcción estaba estancada desde 1914, pero el criterio para medir el desarrollo de las fuerzas productivas aparece claro. Cualquiera podía poner a prueba su afirmación apelando a las estadísticas de la construcción mundial (tal vez en aquella época no había demasiadas estadísticas, pero hoy las tenemos).
El mismo criterio lo encontramos en los escritos sobre la URSS. Aparece claramente expresado en el primer capítulo de La revolución traicionada. Hasta donde llega mi conocimiento, jamás el trotskismo cuestionó este libro, por lo menos en sus aspectos fundamentales. En particular, nunca leí que un trotskista estuviera en contra del método con que Trotsky analiza si la URSS desarrollaba las fuerzas productivas. Trosky comienza reafirmando su idea central, que Rusia “entró en la vía de la revolución proletaria… porque esta economía no podía desarrollarse sobre bases capitalistas” (Trotsky, 1973, p. 39). No explica por qué ya no podía desarrollarse, pero esto ahora no es lo importante. Lo central es que sostiene que gracias a la planificación que posibilita la estatización de los medios de producción, y a pesar de la burocracia, la URSS había experimentado, a lo largo de dos décadas, un gran desarrollo de las fuerzas de la producción. ¿Cuál es el parámetro central que considera para hacer esta afirmación? Respuesta: la industrialización. Habla de las “empresas grandiosas”, de las “nuevas industrias”, de “ramas industriales enteras”. Sostiene que las fuerzas productivas se desarrollan más rápido que en los países capitalistas, y compara las cifras de la producción industrial, y las inversiones. Compara extracción de petróleo, carbón, producción de acero, tractores, etc., y sostiene que el socialismo tuvo una victoria gigantesca, “no en las páginas de El Capital”, no “en el lenguaje de la dialéctica, sino en el del hierro, el cemento y la electricidad” (Trotsky, 1973, p. 42; énfasis agregado).
Algunos comentarios se imponen. En primer lugar, necesariamente la forma de evaluar el desarrollo de las fuerzas tenía que ser la misma en la URSS que en el mundo capitalista. De otra manera no habría manera de comparar, ni de afirmar la superioridad de la economía planificada. En segundo término, Trotsky sostiene que en la URSS hubo desarrollo a pesar de los muchos problemas sociales generados por la colectivización forzosa de fines de los veinte, la represión estalinista y el descenso (por lo menos relativo) en el nivel de vida de las masas obreras. La colectivización generó un desastre humano de proporciones gigantescas; algunas fuentes hablan de millones de muertos por el hambre. Los salarios descendieron desde 1928, y se mantuvieron bajos hasta después de la Segunda Guerra. Y la represión, en especial en los treinta, no eliminó solo a la vanguardia revolucionaria, sino también a miles de opositores que actuaban en el campo de la ciencia, la cultura, el ejército, etc. A pesar de todas estas calamidades, Trotsky sostiene que las fuerzas productivas se desarrollaban.
Piruetas teóricas
Este criterio establecido por Trotsky para medir el desarrollo lo siguió aplicando el movimiento trotskista después de la desaparición de su líder, a la URSS, y más tarde a China. Pero ya no funcionaba del todo para el mundo capitalista. Es que no había manera de sostener que las fuerzas productivas en el mundo capitalista estaban estancadas, por ejemplo en 1950, apelando “al lenguaje del acero, del cemento, de la producción de petróleo, de las construcciones, etc.” Tampoco se podía alegar que “no hay estadísticas” para eludir el problema. De manera que en los sesenta Ernest Mandel planteó lo que era casi una evidencia, que las fuerzas productivas se habían desarrollado por encima de los niveles de 1914, y también de 1930. No extrajo las consecuencias de esto en relación al Programa de Transición, aunque fue un paso importante. Pero sus adversarios dentro del trotskismo pusieron el grito en el cielo, y consideraron que ese reconocimiento equivalía prácticamente a una traición de los ideales revolucionarios (como puede verse, no cambiaron mucho las formas de argumentar de algunos). Sin embargo no bastaba con acusar a Mandel de “revisionista”; había que responder algo. En algún momento se ensayó con la idea de que, si bien había recuperaciones después de las crisis (por ejemplo, después de la Gran Depresión), nunca se alcanzaba el nivel de desarrollo previo a la crisis. Pero esto también era insostenible. Asimismo se sostuvo que si bien había desarrollo en los países adelantados, se conseguía a costa del retroceso del Tercer Mundo, de manera que, en promedio, siempre estábamos igual. Pero ya en la década de 1960 era inocultable que había industrialización en el Tercer Mundo. Por lo cual hubo que inventar otro argumento, que consistía en redefinir cómo debía evaluarse el desarrollo de las fuerzas productivas. Se sostuvo que la principal fuerza productiva era el ser humano y que por lo tanto el desarrollo de las fuerzas productivas debía evaluarse por la evolución del ser humano (alimentación, bienestar, educación). A partir de aquí se sostuvo que la humanidad estaba cada vez peor (en términos de alimentación o necesidades básicas insatisfechas) desde 1914; por lo cual se concluía que las fuerzas productivas estaban estancadas desde aquel año. “La premisa de la revolución establecida por el Programa de Transición no tiene por qué cuestionarse”, era la conclusión. Siendo joven este argumento lo escuché, leí y repetí durante muchos años en que milité en el movimiento trotskista. Era compartido por organizaciones europeas y latinoamericanas.
Señalemos dos problemas serios del argumento. El primero, es que quienes plantearon este nuevo criterio nunca hicieron una revisión sistemática de la literatura anterior para explicar por qué tantos marxistas, empezando por el propio Marx, y terminando en Trotsky, no lo habían aplicado, y en qué se habían equivocado al no hacerlo. Después de todo se trata de categorías básicas (la de fuerza productiva es casi “fundacional” en la teoría marxista), y cambiarlas no es lo mismo que cambiarse de camisa. Hubo en esto entonces una increíble ligereza teórica, diría que rayana en la irresponsabilidad intelectual. En particular, además, porque el nuevo criterio seguía conviviendo con la aceptación del enfoque de Trotsky sobre desarrollo, pero aplicado solo a la URSS. De manera que había aquí una grave dicotomía teórica, que nadie se preocupaba seriamente de examinar o aclarar. Por este motivo, con el paso de los años, llego a la conclusión de que se trató de una pirueta teórica, para seguir defendiendo el dogma (y atacar a Mandel).
Pero además, había un segundo problema, que es que aún tomando como criterio el desarrollo humano, no sería posible probar que las fuerzas productivas están estancadas desde 1914 (tampoco desde 1930, o desde 1950, etc.). La cantidad de seres humanos sobre el planeta se multiplicó; solo entre 1970 y 2010 pasó de 2600 millones a 7000 millones. Los hambrientos a nivel mundial en ese lapso descendieron del 37% a aproximadamente el 16% (en términos absolutos permanece en torno a los 1000 millones de seres humanos). Si las fuerzas productivas a nivel mundial hubieran estado estancadas, este crecimiento de la especie humana hubiera sido casi imposible. Pero además, aumentó la esperanza de vida. Según datos la Organización Mundial de la Salud, en 1900 el promedio global de vida era de solo 31 años, y por debajo de los 50 años en los países más ricos. A mediados del siglo XX, el promedio de vida había alcanzado los 48 años; en 2005 era de 65,6 años, y de más de 80 años en algunos países desarrollados. Si se toma por otra parte a la clase obrera, es evidente que aumentó en número a nivel planetario, y continúa haciéndolo. Pero además aumentaron los índices educativos. El número de alfabetos, y de personas con instrucción superior a la primaria, se ha incrementado en términos absolutos y relativos en todos los países adelantados, entre 1910 y 2000. Y también aumentó en los países del Tercer Mundo. Solo entre 1950 y 1985 el número de alfabetos en los países subdesarrollados, según la ONU, aumentó a un ritmo dos veces superior a la tasa de crecimiento demográfico. La parte de las mujeres alfabetos en el total de alfabetos aumentó en todos los países desarrollados, y en prácticamente todos los países subdesarrollados, desde 1900 a 2000. Todo esto, por otra parte, está acorde con la idea de que el desarrollo de las fuerzas productivas mejora las condiciones que posibilitan en el futuro el triunfo de una construcción socialista. Por caso, en China, a principios de siglo XX había apenas unos 3000 obreros industriales. En la actualidad hay más de 100 millones. Esta fuerza laboral, además, tiene niveles de instrucción e información mayores que en 1914. Lo mismo podemos decir de la mayoría de los países. Esto no empeora las condiciones para un cambio socialista, sino todo lo contrario.
Segundo problema, la razón teórica
Además del problema de cómo medir el desarrollo, está la cuestión de explicar por qué, a partir de 1914, las fuerzas productivas debieron haberse estancado. Dada la importancia del tema, era de esperar que Trotsky hiciera una discusión acabada del porqué del estancamiento. Pero no la encontramos. Solo está el escrito de 1940, que ya hemos citado, en que se refiere al tema. Allí sostiene que la razón del estancamiento es el monopolio, que ha reemplazado a la libre competencia. “La eliminación de la competencia por el monopolio señala el comienzo de la desintegración de la sociedad capitalista” (Trotsky, 1984, p. 17). Más adelante sostiene que la ley del valor “se niega a prestar más servicios”; y en otra parte afirma que, a pesar del monopolio, la competencia subsiste. No hay mucho más. Por lo cual todo lo que debe explicarse queda pendiente. En particular porque Trotsky no da ninguna prueba de que haya un grado de concentración tal como para impedir el cambio tecnológico derivado de la competencia. Tampoco hay forma de explicar, por caso, lo sucedido en la década de 1920 en EEUU, cuando hubo un profundo cambio tecnológico (generalización del motor eléctrico en la industria, y del transporte automotor) que dio lugar a un aumento de productividad superior al de las dos décadas anteriores; que fue acompañado de sobreacumulación, que a su vez terminó en la crisis. Todo esto es imposible de encajar en la tesis “domina el monopolio y se acabó la competencia que es el resorte del cambio tecnológico”. Para colmo, en el Programa de Transición, escrito un par de años antes, Trotsky afirmaba que los monopolios organizaban “milagros de técnica, de empresas gigantescas”. Pero si esto era así, no podía decirse que el capitalismo estaba estancado definitivamente.
Debe notarse también que en ningún momento Trotsky relaciona la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia con el estancamiento y la crisis. Pero además la tesis del dominio del monopolio lo lleva a las explicaciones subjetivas, casi conspirativas. En el Programa de Transición afirma, en el mismo pasaje que acabamos de citar, que los monopolios “organizan también la vida cara, las crisis y la desocupación”. Pero decir que la crisis del 30 fue organizada por los propios capitalistas no tiene lógica, ni acuerda con la realidad. El capital de conjunto experimentó terribles pérdidas con esa crisis. ¿Para qué iba a organizar su propia destrucción? ¿Qué elementos de la realidad, además, existían para sostener esta tesis? Además, ¿qué tiene que ver con la teoría de El Capital? Además, una pregunta que hice muchas veces, ¿por qué en el movimiento trotskista se sigue pasando por alto estos pasajes? No estoy hablando de un escrito circunstancial, sino del programa con el que se fundó el movimiento. Si se sostiene que el método de Trotsky era científico, ¿alguien puede explicar cómo se manifiesta esa ciencia en estos pasajes?
Cambio de argumento y más incoherencias
Con el paso de los años los defensores de la tesis del estancamiento permanente dejaron de lado la explicación “dominio del monopolio” y pusieron el peso en la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. La tasa de ganancia, afirman, no recupera los niveles anteriores a cada gran crisis, de manera que llegado un punto es tan baja que el sistema colapsa. Al mismo tiempo se afirma que el Programa de Transición tiene razón al sostener que las fuerzas productivas están estancadas desde 1914 (si esto no se verificara, según el mismo Trotsky, la toma del poder en 1917 habría sido un error). Destaquemos que al poner el acento en la evolución de la tasa de ganancia, la cuestión de la inversión y la acumulación del capital fijo en el debate sobre fuerzas productivas tiene necesariamente que pasar a primer plano. Por lo menos tiene que estar en un plano de igualdad con la temática del “desarrollo humano como medida del desarrollo de las fuerzas productivas”. La evolución de la tasa de ganancia, insistimos, se debe poner en relación con la inversión, y esta con el PBI; la relación con la alimentación de los seres humanos, y similares, es más indirecta.
Pues bien, si la razón del estancamiento es la caída de la tasa de ganancia, entonces hay que demostrar que la misma llegó, en 1914, a un punto tan bajo que ya no hubo más incentivos para la formación de capitales, o la inversión en capital fijo. Y además hay que demostrar que, por alguna razón, ya no había manera de que se recuperara de esos niveles (siempre en promedios mundiales). Lo cual también es un problema, porque todos acordamos en que durante las crisis se desvalorizan capitales y aumenta la explotación. De manera que hay que sostener que durante 97 años (desde 1914 a 2011) el capitalismo, en promedio, no incrementó la producción porque la tasa de ganancia es muy baja. Además, hay que afirmar que durante estos 97 años el capital no se desvalorizó lo suficiente como para recuperar la tasa de ganancia, a pesar de que la inversión a nivel global está estancada; y que la clase obrera no pudo ser más explotada, a pesar de que el capital no acumula. No vi que nadie demostrara esto. No obstante lo cual, se sigue afirmando que el capitalismo está estancado por la acción de la tasa de ganancia, desde hace décadas.
Pero además, la cuestión no para aquí, porque tenemos el problema de las recuperaciones. Veamos el problema con cierto detalle. Supongamos que estamos analizando la crisis de los treinta, y queremos mantener la hipótesis del estancamiento permanente del capitalismo. Según esta tesis, en 1929 (esto es, en vísperas de la crisis) el nivel de las fuerzas productivas, a nivel mundial era, a lo sumo, igual al de 1914. Se desata la crisis, y la economía cae hasta 1933 en EEUU y otros países. A partir de ese año se recuperan el PBI mundial y la tasa de ganancia, pero el primero no puede superar el nivel de 1914 (que es igual al de 1929). En 1938 el asunto parece funcionar bien para EEUU (el PBI de EEUU se derrumba un 5% y la tasa de ganancia se hunde de nuevo). Trotsky entonces escribe que el capitalismo sigue estancado. Pero el problema es que en las décadas siguientes EEUU estuvo creciendo, y mucho; la tasa de ganancia se recuperaba, y mucho; y desde 1945 las economías europeas y la japonesa también crecieron. En los marcos de la tesis del estancamiento, sin embargo, se afirma que esto no sucedía. Por lo cual hay que dar una razón teórica para explicar por qué la inversión, o el PBI mundial, no pudieron superar, a lo largo de todas esas décadas, el nivel de 1914 (= 1929). Hay que explicar entonces por qué la tasa de ganancia no pudo superar los niveles necesarios para que hubiera una inversión mundial superior a la de 1914 (= 1929); recuerdo que la inversión es el motor del crecimiento del PBI). Nadie da esta explicación.
Pero además, con este esquema tenemos que llegar hasta la gran crisis de 1974-75, y explicarla de nuevo con la hipótesis de que la inversión está estancada desde 1914; a pesar de lo cual decimos que la crisis se produce por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia; que a su vez tiene como fundamento el aumento de la composición orgánica del capital; y Marx sostiene que el aumento de la composición orgánica es la expresión del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo; pero las fuerzas productivas bajo el capitalismo están estancadas desde 1914. ¿Alguien puede explicar qué lógica tiene todo esto?
Mi conclusión es que esta tesis del estancamiento de las fuerzas productivas desde 1914 (o desde 1930, o desde 1970, etc.) es un disparate. Solo se puede defender con palabrerío y con argumentos ad hominem, del tipo “Fulano dice que las fuerzas productivas se desarrollaron porque es un enemigo del socialismo”. Por supuesto, esto convence solo a los convencidos, o a gente demasiado impresionable por el griterío. Para el resto de los mortales, hacen falta argumentos lógicos y evidencias empíricas. Que es la condición de toda discusión científica.
Textos citados
Trotsky, L. (1973): La revolución traicionada, Buenos Aires, Yunque.
Trotsky, L. (1984): El pensamiento vivo de Karl Marx, Buenos Aires, Losada

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