miércoles, 19 de octubre de 2011

Cuestiones de autoritarismo

Darío Botero Pérez

La sociedad plana, racional, justa, equitativa, solidaria, tolerante, libre e igualitaria -que habrá de remplazar a las desequilibradas y detestables que han dominado en la Historia a punta de brutalidad, pisoteando las decentes y civilizadas, que también han existido-, es incomprensible para los cerebros reptilianos de los psicópatas. 

Se trata de seres que han hecho del crimen, la manipulación, la subyugación, la expropiación y la explotación del prójimo, tanto como de la destrucción de la Naturaleza, su arte personal y su exclusiva profesión.

En su miope arrogancia -velada con títulos universitarios altamente prestigiados, o con fortunas enormes, o con respaldos incondicionales de lacayos sin escrúpulos-, se les hace imposible que puedan escapar de su control mental las masas amorfas y alienadas, tan consumistas, estresadas e ingenuas, distraídas y enfrentadas mutuamente con las amenazas del consumo de cigarrillos.

Según los depredadores de la Naturaleza que han acabado con los árboles patrimoniales en Medellín y el Amazonas, el cigarrillo es capaz de causar todas las enfermedades concebibles, lo cual no debe compartir Sarita Montiel; y los médicos honrados podrían desmentirlo.


Para manipular a sus masas dóciles y crédulas, igual sirve mantenerlas aleladas con las delicias del fútbol, cuyas estrellas brillan más que Marylin Monroe. Y alrededor del cual, los manipuladores de la especie también fomentan la violencia social, entre hooligans de uno u otro equipo o contra no-hooligans ajenos a tal fanatismo laico

También es efectivo mantenerlas enredadas entre la represión, el negocio, el crimen, la violencia que destruye el tejido social y asesina a la juventud, el placer y el dolor, orquestados alrededor de la seducción que los alucinógenos han significado para la Humanidad a través de  su existencia. 

Esta experiencia antropológica, que muchos consideran mística, no  puede ser extirpada por ninguna medida represiva, aunque no lo crean los mojigatos con complejos de sanos y mejores.

Son anacrónicos inquisidores resueltos a quemar en la hoguera todo lo que no entienden y los escandaliza, pues lo perciben como una amenaza al imperio de la estupidez, la hipocresía, el crimen y la depredación, disfrazado de virtuoso, en el que los inescrupulosos se mueven como peces en el agua, abusando de los dignos, mansos y nobles que se niegan a corromperse y prefieren dedicar sus vidas a establecer una sociedad plana que a todos los respete.

Pero la limitación del juicio de los abstemios, generalmente poco conocedores de la llamada Universidad de la Vida, y llenos de prejuicios insalvables, pues muchas veces son de corte religioso-moral y ajenos a la ética; les sirve para mantener la rentable prohibición, a los bandidos que sí conocen muy bien la fuerza adictiva de las sustancias arbitrariamente ilegalizadas, tanto como el carácter atávico, genético o hereditario de su consumo.

Para mantener la rentabilidad de sus sucio negocio con sustancias sagradas, se valen de la aprobación -férrea, sicótica e histérica- de los ingenuos, ilustrados y cultos prohibicionistas que se creen superiores moralmente a los adictos, de modo que se atribuyen el derecho a controlarles sus vidas de adultos. reprimiéndolos por sus vicios y tratándolos como a delincuentes o, en el caso de los represores más civilizados, como a enfermos.

Sin dudas, ante la creciente ola de crímenes fundados en la prohibición de las drogas del placer, impuesta por el Neoliberalismo para complementar su labor de destrucción de las naciones, va siendo hora de que los humanos con inclinaciones naturales a ellas, tal como lo lograron los alcohólicos, impongan la legalización plena de las sustancias que les gustan, de modo que no los sigan envenenando ni discriminando coma a bichos inferiores y desechables para que la DEA pueda continuar haciendo de las suyas.


En últimas, contra toda clase de supervivientes, en particular los que detestan el vicio y la farándula, ha resultado efectivo mantener a las masas aterrorizadas (paralizadas de miedo e incapaces de pensar) con las amenazas “terroristas” del agente de la CIA, dedicado a diezmar musulmanes pero al que los halcones de Washington (sionistas y wasp) le atribuyeron la derribada de las torres gemelas que ellos mismos, con la complicidad de George W. Bush, se encargaron de auto derribar.

Buscando precipitar la tercera guerra mundial, que los obsesiona y les es indispensable para continuar abusando de la Humanidad y destruyendo la biosfera, se ocultaron tras Al Qaeda y su legendario jefe, el petrolero santón, socio de los Bush en los negocios del petróleo y del terror, Osama Bin Laden, ya sacrificado por sus patrones para aportarle argumentos de reelección a Barak Obama. 


Con estas argucias de “divide y reinarás” se protege a los enemigos comunes, pues sus canalladas pasan desapercibidas para esas masas fanatizadas, dedicadas a combatirse entre sí.


Por su lado, a los usanos, quienes los desgobiernan los tratan como si no fuesen humanos con derechos. Los condenan a dar sus vidas por defender las de quienes los oprimen y los descalifican.  Inclusive, les imponen el arrasamiento de pueblos, con los genocidios respectivos de la población civil e inerme de los países invadidos para robarles sus riquezas.

¡Pero, a pesar de su impudicia, aún tienen razón los potentados inescrupulosos!

Las masas alienadas poco caen en cuenta de las amenazas definitivas que el consumismo autocrático y depredador, del cual son víctimas incautas y fieles, representa para la conservación de la biosfera y la continuidad de las formas de Vida que ha albergado.


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